Valiente discurso feminista en el Nacional de Buenos Aires

 

Valiente discurso feminista en el Nacional de Buenos Aires

 

Por Tofi Mazú

El pasado jueves, el Colegio Nacional de Buenos Aires fue testigo del cambio histórico que está gestando el movimiento de mujeres. El acostumbrado discurso que las promociones hacen (año y medio después de egresarse, por las y los alumnos que cursan sexto año o adeudan materias) no fue, en definitiva, el acostumbrado discurso de siempre. Con una valentía extraordinaria, mujeres y disidencias sexuales se plantaron en la imponente Aula Magna, donde aún se escucha el vetusto sonido del órgano, donde las autoridades se yerguen en tronos de madera sobre una tarima. Se plantaron con un discurso que hizo llorar, temblar y cantar al auditorio. Se plantaron con carteles y pañuelos verdes. Se plantaron con la fuerza del feminismo que recorre las calles, el mundo y también las aulas.

 

Un discurso para la historia

Tres oradoras expusieron el discurso de la promoción del Turno Mañana, acompañadas de mujeres, lesbianas, gays y trans que sostenían pancartas como “son opresores y testigos”, “exigimos que nos escuchen” y “el colegio es responsable”.  Según las propias estudiantes, “Las primeras palabras fuertes trajeron un silencio increíble. Cada nombre propio, palabras como putas,  garchar, toquetear iban aumentando la tensión”. Es que las pibas describieron lo que vivieron y se vive en esta renombrada institución, y en tantos otros colegios, con la crudeza de la verdad. Sin omitir ni un solo insulto, vejación, acoso o abuso del que han sido objeto en calidad de mujeres, disidencias y estudiantes.

Uno a uno, fueron apareciendo los nombres de autoridades, regentes, preceptores y docentes que han denigrado, abusado o amparado esas situaciones. Todos ellos, además aliados políticos de la gestión del CNBA y las autoridades de la UBA, sujetos con cargos jerárquicos; además del evidente abuso de poder que media entre un adulto que se desempeña en una institución educativa y las, los y les estudiantes.  Al final de la intervención, mencionaron como principal responsable a Gustavo Zorzoli, rector del colegio, como cómplice y encubridor.

Dejaron en claro que la adolescencia es un momento muy particular, donde se intenta definir quiénes somos, en quiénes nos queremos convertir. Una época en la que aprendemos nuestro potencial, nuestras limitaciones, convicciones y deseos. Un período en el que nos tomamos el tiempo de formarnos una idea del mundo, de nosotras mismas y de cómo queremos atravesar el paso por la vida. Pero sobre todo, que en ese momento tan complicado, las mujeres y las disidencias sexuales sufrimos además las vejaciones que este mundo patriarcal nos depara con una brutalidad terrible. Que descubrimos nuestra sexualidad de forma violenta, siendo cosificadas, bastardeadas, denigradas y expuestas. Que esto ocurre en la calle, en las fiestas, en las casas… pero ocurre en gran medida en el colegio, en ese lugar en el que las pibas y pibes pasan la mitad del día. Y que muchas veces, la violencia patriarcal se entremezcla con la violencia institucional, haciendo de mujeres y disidencias un blanco fácil para los hijos sanos del patriarcado capitalista.

 

Las pibas contra el medioevo

“Cuando terminamos, bajamos de la tarima para sumarnos a la muralla de cuerpos; la mayoría de la gente nos aplaudió. Vimos a más de una profesora lagrimeando;  muchísimas se acercaron después a agradecernos. En estos primeros días lo que más nos dicen es que, realmente, estamos haciendo la revolución. Destacan nuestra valentía y nuestra fuerza”, nos transmitieron las redactoras del discurso. Es que es verdad. Una nueva generación se ha puesto de pie para enfrentar la violencia, para exigir la educación sexual y el derecho al aborto.

Hordas de pibas se suman a diario a un movimiento de mujeres que recorre el mundo, que encara vigilias con temperaturas bajo cero o tormenta. Una generación, que quiere y está cambiándolo todo, ha destapado la olla de lo que ocurre en cada rincón, en cada esquina, en cada escuela, en cada casa. Una generación que les da clase a sus compañeras docentes, que les agradecen la valentía. Una generación que enfrenta al gobierno,al Estado,  a la Policía, al papa, al Senado y cuanto machista ande suelto. Una generación que no se calla más. Una generación que no quiere ser sumisa y que, como si fuera poco, es solidaria con cantidad de causas del conjunto de las y los explotados y oprimidos. La misma generación que sale a defender la educación pública contra el presupuesto miserable de Macri es la que se cuelga el pañuelo verde y exige que se deje de financiar a la Iglesia y que la plata vaya para garantizar la educación sexual en todos los niveles.

“Algo que queremos que destaque en nuestro reclamo es que no es la primera vez que intentamos reclamar por estos temas”, agregaron las ex-alumnas. “Durante nuestro paso por el secundario, acudimos a autoridades o tutores y no recibimos respuesta. Ahora, pasados un par de años (lejos de sanciones, inseguridad, el miedo y atravesadas por el feminismo), nos organizamos y recibimos tanto apoyo por parte de algunes docentes, padres, conocides, que esperamos que llegue a compañeras de otras secundarias y las empodere para hacerle frente a la violencia que sufren en su día a día”. El objetivo de las chicas es clarísimo: quieren que la UBA y el Estado se hagan cargo de lo que sucede, que se visibilice este problema y que se garantice la educación sexual y la formación en esta materia del conjunto de la planta docente del Nacional y de los otros colegios.

Por ello, en este momento se encuentran recibiendo testimonios de otra chicas que hayan vivido situaciones como las expuestas en el discurso, para presentarlas ante la Oficina de Asistencia Contra la Violencia de Género del CNBA, y efectuar así el reclamo de manera formal. Por ello, se contactan con otras víctimas. Por eso crearon una página de Facebook (www.facebook.com/mydcnba), para difundir la problemática.

Están organizadas, están luchando. Por ellas y por todas las otras que pasarán por el autodenominado “Colegio de la Patria”. Por ellas y por las estudiantes de otras instituciones. Por ellas y por todas las mujeres y miembros del colectivo LGBT. Porque quieren cambiar la historia… y lo están haciendo.