Todas las voces todas… también la de los proxenetas

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Taller de “trabajo sexual” en el Encuentro Nacional de Mujeres

 

Todas las voces todas… también la de los proxenetas

 

 Por Marina Hidalgo Robles

Hace años las mujeres que participamos de los Encuentros Nacionales de Mujeres nos encontramos cantando una y otra vez lo que ya puede ser un clásico “¡Fuera, fuera, iglesia fuera!” mientras instamos a las militantes de una de las instituciones más reaccionarias y misóginas a retirarse de los talleres. Explicar esto no nos lleva mucho tiempo: los Encuentros son una instancia en que las mujeres que queremos pelear para dejar ser explotadas y oprimidas por el sistema patriarcal y capitalista, nos organizamos para luchar y conseguirlo. No es un lugar para que participen nuestros enemigos opresores.

La novedad es que ahora en el cantito vamos a tener que incluir a los prostituyentes, proxenetas y tratantes porque la comisión organizadora ha resuelto que a partir de este año se ponga en funcionamiento un taller donde se discuta acerca del “trabajo sexual” propuesto hace algunos años por la organización de mujeres AMMAR, y tristemente celebrado por Pan y Rosas.

No hay ninguna confusión al decir que vamos a tener que echar a los proxenetas de los Encuentros, porque aunque estamos seguras que no van a ser ellos mismo en persona los que se acerquen a los talleres, va a ser en ese lugar donde se discuta qué es lo mejor para seguir garantizando ese gran negocio que es la explotación sexual, maquillándole el nombre.

Las Rojas, como parte del movimiento de mujeres que levanta la pelea abolicionista, desde ya que nos oponemos, y queremos explicar por qué. Lo primero para decir es que bajo un argumento democrático “que se escuchen todas las voces” (argumento que tantos años han usado las militantes del PCR para justificar el boicot activo de la Iglesia a los talleres de aborto) se impone una conceptualización que institucionaliza una de las formas más duras de violencia contra las mujeres, trans, niñas y niños; la explotación sexual, con un nombre más liviano. No defendemos que se escuchen tooodas las voces, de hecho nos oponemos a escuchar la voz de la Iglesia, del gobierno reaccionario, de los violentos, y de los proxenetas. En cambio queremos escuchar a las mujeres que, hartas de la opresión patriarcal buscan en los Encuentros un lugar para organizarse. No somos ingenuas, abrir nuevamente un taller de “Trabajo Sexual” es abrirle camino a quienes quieren seguir lucrando con los cuerpos de las mujeres y trans, es toda una definición que se intenta imponer en el movimiento de mujeres, y que arrastra el avance de la regularización con la presentación de proyectos de ley, que concretamente buscan su reglamentación por parte del estado.

El debate con las compañeras de AMMAR es que esa posición sólo beneficia a los proxenetas, atrás de sus palabras están ellos regodeándose porque al fin alguien más pide que se regularice su negocio, y los prostituyentes que se aseguran el uso de los cuerpos ajenos para su propio placer.

Las compañeras de AMMAR sostienen que quieren un lugar donde poder nombrarse de la manera que ellas quieran, sin “imposición”. Pero el debate acerca de la nominación no sólo disputa un nombre, una identidad, sino cuál es el camino para terminar con el proxenetismo y las redes de trata para la explotación sexual: la abolición de dichas redes o su reglamentación. Este es ‘el’ debate, y no la identidad. Cambiar los nombres no cambia la realidad, eso lo sabemos, el punto está en cuál es la estrategia para cambiar la realidad opresiva. Lo que distancia a abolicionistas y reglamentaristas, es el debate acerca de la posibilidad del “ejercicio libre y autónomo de la prostitución”. Una contradicción de todos los términos entre sí. Nosotras seguimos sosteniendo que suponer que el encuentro entre un varón que dispone de dinero para satisfacer su placer sexual, y una mujer que necesita ese dinero para su subsistencia y se ve obligada a poner su cuerpo y su sexualidad a disposición del placer ajeno, no puede nunca, en esta sociedad patriarcal y capitalista – donde todavía peleamos para que nuestros cuerpos sean nuestros y de nadie más –  nunca puede ser igualitario, sin riesgos de violencia, violaciones y muerte (porque eso es parte de la realidad de todas las mujeres que están en situación de prostitución o de “trabajo sexual”).

Inventar un nuevo taller sólo busca resolver un problema de una manera formal: como no llegamos a un acuerdo, que cada una diga lo que quiera en su propio taller. Lo que crispa las discusiones es si es posible la elección o la autonomía en situaciones de prostitución. Y eso lamentablemente lo vamos a tener que seguir discutiendo, porque en lo que a nosotras respecta no vamos a bajar los brazos mientras el proxenetismo avanza, aún escondido atrás de las propias compañeras.

Otro argumento es que este taller es necesario para poder resolver cómo pelear contra la violencia del Estado, que mayormente se expresa en la aplicación de códigos de faltas locales. Ahí hay una falsa oposición: todas acordamos que ninguna mujer puede ser perseguida, criminalizada y violentada por estar en situación de prostitución, más allá de cómo se nombre a sí misma. Ha habido experiencias (como la Coordinadora por Yamila Cuello en Córdoba) donde organizaciones y activistas peleamos en un frente común contra la violencia policial, fuéramos reglamentaristas o abolicionistas. Así que ese argumento no colabora para convencer que hay que hacer otro taller.

Volviendo al comienzo, plantear como resolución la segmentación en más talleres, lejos está de ser una respuesta democrática, para lo único que sirve es para dejar planteada una postura clara de defensa del “Trabajo Sexual”, lavándole la cara a una de las peores violencias que oprime a las mujeres y trans. Además profundiza la fragmentación y la división del movimiento de mujeres que en los Encuentros se manifiesta en el funcionamiento de más de 50 talleres distintos, como si cada mujer tuviera más de 50 aspectos que nada tienen que ver con los otros.

Y otra vez nos toca debatir acá con las compañeras de Pan y Rosas, que ya no nos sorprenden con sus posiciones cada vez más alejadas del feminismo socialista de lucha por la emancipación de las mujeres y trans. Luego de recibida la noticia de la comisión organizadora, Pan y Rosas saludó gratamente la “actitud democrática” de la misma. Parece que tantos años de escuchar al PCR defender la participación de la iglesia con ese mismo argumento, las terminaron convenciendo: que se escuchen todas las voces, ¡no importa si defienden los intereses de las mujeres o de sus opresores!

Dicen no querer la participación del estado y la policía, pero no dicen nada de la intromisión y avanzada de los proxenetas que van a ser los primeros en favorecerse si esta posición sigue ganando terreno. Tampoco dicen nada acerca de la participación de los prostituyentes que utilizan los cuerpos y la sexualidad de las mujeres como mercancías descartables. No es difícil de comprender si se lee las  teorizaciones que han escrito acerca de la prostitución donde la palabra patriarcado no aparece ni una vez[1]. Por eso sólo pueden explicar la prostitución como un “negocio de inermes ganancias”, nada acerca de la violencia que cada acto dentro del circuito de la explotación sexual implica en los cuerpos de las mujeres y trans. Planteado así, todo el problema gira en torno a quién se queda con el dinero que circula por la prostitución de los cuerpos de las mujeres y trans. Planteado así, la solución es que no haya mediación entre las mujeres y trans explotadas, y los prostituyentes. Evidentemente que se sometan cuerpos ajenos para el propio lucro es uno de los aspectos contra los que hay que pelear. Pero la pelea no se reduce a eso. Aun planteando la posibilidad de la prostitución sin proxenetismo, la violencia que en sí misma encierra la explotación sexual no se termina.

Claro, si para Pan y Rosas la prostitución nada tiene que ver con el patriarcado que impone que nuestros cuerpos y nuestras sexualidad nos son ajenas, por lo tanto pueden ser violados, quemados, asesinados, entonces así cabe la posibilidad que la propia prostitución sea independiente de quien prostituya.

Pan y Rosas insiste en explicar que no son ni reglamentaristas ni abolicionista, porque entienden que el abolicionismo se reduce a esperar la solución por parte del Estado. Se les escapa que la lucha en las calles del movimiento de mujeres puede arrancarle a este Estado conquistas concretas. Las Rojas, como feministas socialistas estamos convencidas que este régimen Patriarcal y Capitalista no puede garantizar nunca nuestra emancipación, es el propio Estado el mayor proxeneta, y por lo tanto no podemos pelear contra las redes de trata y explotación sexual sin pelear para destruir este sistema. Y estamos convencidas también que en esa pelea por cambiar toda la sociedad entera podemos y tenemos que luchar para arrancarle todas las reivindicaciones concretas que mejoren nuestras condiciones de vida y que sirvan de punto de apoyo para fortalecernos y llevar hasta el final la construcción de una sociedad sin explotación ni opresión.

 

[1] http://www.laizquierdadiario.com/Sin-capitalismo-no-hay-mercancias-sexuales

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