Si se mete la Iglesia en la educación sexual, a las mujeres…

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Si se mete la Iglesia en la educación sexual, a las mujeres nos mandan a fregar

 

En julio de este año Monseñor Aguer salió a vociferar contra un manual de educación sexual que se estaría difundiendo entre docentes por el Ministerio de Educación de la Nación.

¿Qué le estará molestando tanto a la Iglesia, que a pesar de que es siempre consultada (y aplicado su pensamiento medieval) en cuanto tema educativo el Estado intente reformar, ahora parecería habérsele ido algo de las manos.

Porque en realidad, de esa Ley que creó un “Programa de educación sexual integral”, poco o nada ha llegado a las escuelas desde el 2006 a la fecha. Ni que hablar de lo que en el ámbito de salud se está llevando a cabo al respecto(hasta los DIU distribuidos por el gobierno estaban contaminados!!!). Esta ley en su artículo 5º deja abierta las acciones educativas al libre arbitrio de cada institución, por lo que la determinación de lo que se enseñaría sobre sexualidad queda tan ambigua y abierta que se pierde su “integralidad”. Educando en una sarta de mistificaciones a más de la mitad de la población, que estudia en escuelas confesionales.

Hay un par de cosas que son las que más le molestan a Aguer y a la Iglesia según sus declaraciones. Por una parte el tema de la ideología de género que presenta a la sexualidad como una construcción histórica y sociocultural; para Aguer esto es “reduccionista”(je je je!), escinde la persona humana y esto da como resultado que cada uno haga con su “bios”(entiéndase cuerpo) lo que quiera. Así quedaríamos apartadas (en particular las mujeres, a las que nos depara sólo un rol esencial en la vida), del “recto” camino que nos vienen imponiendo de hace siglos y nos mantiene atadas al hogar.

Esta separación, que no es tal, ya que en ningún lado se desconoce que tenemos un cuerpo biológico, pero si que somos seres humanos y lo que nos diferencia del mundo animal es justamente que somos seres sociales, con una cultura e historia que nos marca, nos determina, pero que a su vez nos permite conocer y decidir lo que queremos de nuestras vidas y cambiar lo que sea necesario para lograrlo.

Esta escisión para Aguer permitiría que podamos elegir acerca de nuestra orientación sexual; la apertura a la diversidad sexual sería muy peligrosa para él, ya que se correría el riesgo de que se otorgue “carta de ciudadanía a la homosexualidad y sus variantes”.

Lo que le molesta más y que por eso casi no la nombra es que en el texto de Morgade que tanto critica, una de las primeras cosas que hace notar la autora, es que la sexualidad no tiene que ver únicamente con la reproducción, tiene que ver con el placer, el erotismo, el disfrute, por lo que, obviamente, las variantes no heterosexuales, no tienen cabida en nuestra sociedad.

A esto se le agrega (algo que no lo nombra en absoluto Aguer, ¿Grassi de por medio, tal vez?), que la sexualidad puede estar relacionada con el dolor, el sometimiento, no sólo en los espacios íntimos, sino en relación “con valores y prácticas culturales en los que están presentes relaciones de poder desigual construidas socialmente”.

Otra de las cosas que más le molesta a la Iglesia es que esta ideología “se propone modificar los roles sexuales”, dándole otro lugar a la mujer en la sociedad, dándole poder y ahí es donde ve más riesgos este Monseñor, en que nos demos cuenta de todo lo que podemos hacer si salimos a la calle, si hablamos con otras mujeres, si nos juntamos y pensamos, si luchamos…

Todo esto debe ser aprendido desde que nacemos, para lo que hace falta que la educación sexual no sólo sea pública, laica y científica, sino que además sea feminista dándonos el poder de lograr nuestra liberación.

Se podría pensar que la Iglesia le viene a recordar al Estado que con este manual se está olvidando que es un estado burgués, y que está cometiendo un grave error al favorecer este tipo de reflexiones sobre nuestra sexualidad (sólo desde el discurso, obviamente). No vaya a ser que en lugar de parir, cuidar a nuestros hijos, trabajar adentro y afuera del hogar, se nos ocurra a las mujeres disfrutar aunque sea un poco, pretender algo de placer en nuestras vidas. Porque ahí nos daríamos cuenta de la vida de opresión que estamos llevando y de que todo este discurso sólo intenta seguir manteniéndonos bajo el yugo patriarcal y capitalista, que lo único que pretende, porque es lo que necesita, es que trabajemos, trabajemos y trabajemos…

Porque a decir verdad, muy lindo el manual, muy “progre”, pero es parte de un discurso, que es sólo eso, pura reforma y palabrerío, porque para hacer verdaderos cambios no alcanza con editar manuales, hay que hacer llegar todo esto a las escuelas, con capacitación, encuentros de docentes, reuniones con padres, alumnos, discusiones, etc. Y esto no está pasando, ni va a pasar si no hacemos presión, si no salimos a las calles a pelear por una educación sexual laica, científica y feminista, que nos dejen hacer con nuestros cuerpos lo que nos plazca, para lo cual necesitamos educación sexual en las escuelas!

Porque el gobierno le responde a la Iglesia que es una ley y que como toda ley hay que respetarla. Sí, muy lindas leyes tenemos, por un lado y por otro la realidad que conocemos todas, en donde ni anticonceptivos en los hospitales, ni educación sexual en las escuelas.

¡Por una educación sexual pública, laica, científica y feminista!

¡Por el derecho al aborto libre, legal seguro y gratuito!