¿QUIÉN DECIDE?

 

Tras una batalla heroica, el proyecto de ley por aborto legal llega al Senado

 

 ¿QUIÉN DECIDE?

 

 

Por Belén McClellan

 

Cuando el proyecto todavía no comenzó a discutirse en comisiones, los sectores antiabortistas se muestran dispuestos a abandonar el rechazo liso y llano de la iniciativa y apuestan por la posición de introducirle cambios al texto y devolverlo a Diputados en segunda revisión. (Gustavo Ybarra, La Nación, 02/07/2018)

La conquista inmensa de la media sanción en diputados para el Proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo es producto de la movilización masiva del Movimiento de Mujeres y la juventud, que tuvo su punto cúlmine con la vigilia de un millón de personas del 13-14J. La presión de la lucha en las calles fue de tal magnitud que en una coyuntura de crisis económica y política donde la bronca por abajo no para de crecer, se cuestionó el quietismo por ejemplo de la CGT, quienes se vieron obligados a convocar a un paro nacional. Esto demuestra que la pelea por la legalización del aborto condensa una contradicción social y política que enfrenta un gobierno antipopular a los intereses de la mayoría social que pelea por sus derechos.

Es evidente que podemos ganar, que estamos en condiciones de mover todo el edificio de relaciones patriarcales y lograr el derecho a decidir. Y junto con ello, asestar un golpe de importancia al macrismo. Estas condiciones a nuestro favor ponen a todos los actores del poder a ordenar su tropa para encarar una cruzada anti-mujeres, a la que tenemos que responder con lucha y organización para ser dos millones el próximo 8 de agosto en las puertas del Congreso para el tratamiento en Senadores para que decidan las mayorías y no un puñado de acomodados.

 

Una conquista extraordinaria despertó la contraofensiva reaccionaria

Como el trayecto de un péndulo, la media sanción despertó lo más rancio y misógino de nuestra sociedad. Las declaraciones de Michetti generaron asco, repudio y respuestas por doquier -ver por ejemplo el tweet de la escritora canadiense Margaret Atwood. Su desprecio por la realidad de las mujeres y sus reclamos la llevó a atacar el aborto incluso en casos de violación. Como parte del mismo operativo, las acusaciones hipócritas del papa que definen al movimiento de mujeres como “nazis de guantes blancos”, terminaron por envalentonar a los fanáticos del conservadurismo eclesiástico, esos que van a misa todos los domingos, para atacar físicamente a los golpes a mujeres con el pañuelo verde. Al bando se sumó Carrió con declaraciones que intentan confundir y desprestigiar la pelea por el derecho sobre el propio cuerpo. Perdieron a la mayoría social y eso les duele.

El martes 3 de julio arrancaron las “sesiones” de las tres comisiones del Senado. Lo que allí ocurrió fue una clara muestra de qué se traen esos señores y señoras senadores. Hicieron la sesión semicerrada, dejaron entrar a ciertos periodistas pero a las periodistas feministas, no. A las que llevan el pañuelo verde, las ningunearon, las querían obligar a guardar el pañuelo para “demostrar neutralidad”. ¡Neutralidad! aúlla un cuerpo presidido por una siniestra Michetti capaz de decir “si una chica queda embarazada… bueno, todos tenemos problemas, que vaya al psicólogo, no sé…”!

Acto seguido presentaron al menos tres proyectos, entre ellos dos del senador con pedigrí Federico Pinedo. Proyectos que no hacen más que embarrar la cancha y revelan lo que son: oscurantistas defensores de poderes que atrasan siglos!

 

Un puñado de ricos y poderosos versus una mayoría social: la pelea es en las calles

Las jornadas del 14 y el 18 de diciembre contra la previsional dejaron una lección al Parlamento: legislar contra las mayorías tiene un costo muy grande, un límite que lo marca la movilización en las calles. Por eso fue determinante la vigilia del 13J para arrancar la media sanción, los diputados y el gobierno tuvieron miedo al desborde y se vieron obligados a legislar a nuestro favor.

Nuestro principal punto de apoyo son las calles, no podemos ceder un milímetro de pavimento. Tenemos que ser implacables en cada jornada en el Congreso, poner en pie acciones acordes al calibre de la guerra que estamos encarando sin regalar la mayoría social que conquistamos. Porque los pro-aborto clandestino también tomaron nota, y están convocando con más fuerza a movilizar.

El lobby parlamentario no nos trajo hasta acá. La madrugada del 14J nos dejó en claro que la diferencia fue la presión política de las pibas peleando hasta el final durante más de 24 horas.

La activista feminista negra Angela Davis, en un artículo sobre la lucha contra la segregación racial en Estados Unidos, dice: “Los regímenes de segregación racial no se desmantelaron gracias al trabajo de líderes y presidentes y legisladores, sino gracias a que la gente de a pie asumió una postura crítica en su percepción y relación con la realidad. Las realidades sociales que parecían inalterables e impenetrables llegaron a entenderse como maleables y transformables, y la gente aprendió a imaginar cómo sería vivir en un mundo que no estuviera tan exclusivamente gobernado por el principio de la supremacía blanca. Esa conciencia colectiva emergió en el contexto de luchas sociales”. (La libertad es una batalla constante, Capitán Swing Libros, Madrid 2015).

Las mujeres, las jóvenes, las organizaciones del movimiento y la izquierda, estamos protagonizando un momento como el que describe Davis. Un momento en el que la conciencia sobre nuestra fuerza en las calles puede imponerse sobre los intereses de un puñado de caballeros y damas medievales guardianes de lo más retrógrado, guardianes de la esclavitud que significa no poder decidir sobre nuestro propio cuerpo.

Es fundamental que las organizaciones del movimiento de mujeres nos ordenemos alrededor de esta conclusión para, de ahora en más, volver a construir multitudinarios martes verdes en el tratamiento de comisiones del Senado. Organizarse, difundir, hacer campañas en todos los lugares de trabajo  y estudio, concurrir masivamente a los martes y verdes y construir una enorme vigilia para el 8 de agosto frente al Congreso, es el camino para que se haga oír y se imponga la abrumadora mayoría social, el único camino para que el aborto sea ley.