Que la iglesia no se meta. Luchemos por el derecho al aborto

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Que la iglesia no se meta. Luchemos por elderecho al aborto

 

aborto legalA pesar de su crisis y del odio que inspira, a pesar de sus valores retrógrados, cuestionados por toda la sociedad, la Iglesia Católica sigue presente en las leyes, costumbres y políticas del capitalismo. Opinamos que esto no se debe a un oscuro y mágico “poder de la Iglesia en sí misma”. Ocurre que la clase capitalista, sobre todo en los países pobres, no cuenta aún con otra institución tan útil para la opresión sexual y social que pueda reemplazar a la Iglesia Católica, y por más progresista que quiera mostrarse el gobierno, no se anima a soltarles la mano a los curas.

 

 

Iglesia y gobierno K: qué los enfrenta y en qué acuerdan

Bergoglio se la pasa atacando al gobierno. Eso podría hacernos pensar que son enemigos. Pero aquí hay que profundizar en dos aspectos: el contenido de los ataques de la iglesia, por un lado, y por el otro la flaquísima respuesta del gobierno ante ellos.

En cuanto a lo primero, las peleas de la Iglesia con el gobierno tienen muy poco que ver con los derechos de las mujeres. La Iglesia es parte del bloque político de oposición, y sus ataques se centran en la cuestión de la pobreza, la drogadicción, el “autoritarismo” de los K, como hace el resto de la derecha que quiere imponer un modo de explotación más directamente neoliberal. Pero, así como los empresarios y el gobierno, a pesar de sus diferencias sectoriales, se ponen de acuerdo para imponer en las paritarias aumentos salariales por debajo de la inflación, también la Iglesia y el gobierno, por encima de sus diferencias, acuerdan en negarles a las mujeres sus derechos más elementales.

El gobierno podría, por ejemplo, ordenar desde el Ministerio de Salud que los casos de aborto terapéutico sean realizados sin necesidad de que la Justicia se expida, ya que están claramente incluidos entre los abortos no punibles por la actual legislación. Pero no lo hace, y deja a las víctimas de violaciones en la sala de torturas de los jueces del Opus Dei. Además, se encargó de dejar que el proyecto de ley por la legalización del aborto caducara sin tratamiento en las cámaras, y está haciendo lo mismo con el proyecto sobre violencia doméstica.

Incluso en sus planes de asistencia social, el gobierno K se ha cuidado muy bien de no afectar el lugar que la Iglesia le da a la mujer en la familia: las mujeres consiguen ayuda solamente a través de sus hijos, al tiempo que siguen tan excluidas de los puestos de trabajo regulares en la industria como antes de la reactivación del empleo de los últimos años.

El gobierno mantiene esta política diferenciada por género (empleo para ellos y subsidios por maternidad para ellas) a pesar de que la cantidad de hogares mantenidos únicamente por los ingresos de una mujer es mayor que la de hogares mantenidos solamente por un hombre.

En suma, las políticas K en cuanto al empleo y a los derechos sexuales coinciden con la Iglesia en la defensa de la familia patriarcal y la maternidad obligatoria, aun en momentos en que la combinación de descomposición social y familia patriarcal está produciendo una masacre mundial de mujeres y abuso de niños. La carencia de independencia económica de las mujeres, principio esencial de este tipo de familia, es la base material para la extensión de estos fenómenos de barbarie, frente a los cuales se han demostrado inútiles los consejos televisivos K y las comisarías de la mujer.

Señalamos antes otra cuestión en la relación gobierno-Iglesia, y es la casi nula respuesta del gobierno a esta institución. Todos vemos la rueda de improperios y acusaciones del gobierno a la oposición y viceversa; en realidad, los K han hecho todo un oficio de la respuesta inmediata a cada palabra de la oposición. Dedican a esto un programa diario, 6-7-8, y los dichos de sus periodistas se desparraman luego por muchos otros programas y publicaciones gráficas. Pero contemos: ¿cuántos de esos chistes, indignaciones y acusaciones tuvieron por blanco a la Iglesia? ¿Cuántos “archivos” les han hecho a los curas los ingeniosos propagandistas K?

¿Por qué un gobierno que se muestra tan necesitado de apoyo popular frente a la derecha no aprovecha las denuncias mundiales y nacionales contra la pedofilia de los curas para hacerlos retroceder, por ejemplo, en la educación? La ley de educación sexual pública quedó sin aplicación real en cuanto monseñor Aguer le echó un reto al gobierno a causa de ella. Y al no promover la separación de la Iglesia y el Estado, las escuelas religiosas siguen subsidiadas por este. Más aún: hace unos días, los curas le pidieron al gobierno que la asignación universal por hijo para los alumnos de escuelas públicas se extienda a los de escuelas privadas subsidiadas por el Estado, o sea a las escuelas religiosas. Temían que este subsidio produjera un corrimiento de alumnos hacia la escuela pública, cosa que el gobierno debería promover, pero en cambio les concedió su reclamo. Recordemos que en estas escuelas se les enseña a los adolescentes a no usar preservativo: este solo hecho ameritaría cerrarlas por atentar contra la salud pública.

Cristina sigue siendo consecuente con sus declaraciones de asunción: “Soy peronista y cristiana, no feminista”. El gobierno es cristiano y antifeminista en dichos y hechos, y en cuanto a derechos de la mujer, puede hacer un frente común sin fisuras con la derecha más reaccionaria.

 

Los tramposos caminos de la negociación parlamentaria

Esta inconmovible posición del gobierno K convierte en algo ridícula la insistencia de la dirección de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto (identificada con el color verde) en lograr el derecho al aborto por la vía del lobby parlamentario. Ocho años de experiencia con los gobiernos de Néstor y Cristina han demostrado que los esposos K no están dispuestos a dar el derecho a las mujeres a decidir. Durante el gobierno de Néstor la dirección de la Campaña intentó convencer al conjunto del movimiento de mujeres que confiando en las gestiones del entonces ministro Ginés González García se iba a lograr la aprobación de la ley. Cientos de mujeres en todo el país vieron en la Campaña la herramienta para lograrlo a través de la juntada de firmas. Sin embargo, la dirección de la campaña, hegemonizada por mujeres del feminismo institucional, la CTA y el kirchnerismo llevó toda la lucha por la vía de la negociación parlamentaria y de confianza en los K. Cristina ni bien asumió nombró como ministra de Salud a Graciela Ocaña. Esta tomó posesión de su cargo con un gran crucifijo colgando del cuello y lo primero que declaró fue que el aborto no era una cuestión política sino asunto de la justicia criminal.

La campaña dio un giro en su política y ya no sólo centró todo en la negociación por arriba sino que puso el eje en lograr la aplicación efectiva del artículo 86 del Código Penal.[1] Es correcto luchar por hacer que se cumpla esto, pero no se puede bajar la bandera del derecho al aborto para todas las mujeres.

El gobierno cajoneó el proyecto hasta que caducó, y tuvieron que presentarlo de nuevo. Esto quiere decir que los miles y miles de firmas que se habían juntado para acompañar el proyecto ya no sirven para nada, y que el trabajo de montones de activistas feministas que se sumaron a la campaña de firmas cayó en saco roto. Este es el resultado de la política Verde, cuyas dirigentes se negaron todo el tiempo a unirse con todos los sectores que apoyaban en proyecto para movilizarse y presionar, llegando al punto de salir corriendo de marchas y asambleas en cuanto veían llegar a la izquierda o a los movimientos sociales que querían apoyarlas.

 

Por un Encuentro Nacional de Mujeres libre de Iglesia para luchar por nuestro derecho a

decidir

Las mujeres tenemos una gran herramienta que podría unificarnos en una lucha nacional por nuestros derechos, en el Encuentro Nacional de Mujeres que se realiza todos los años con decenas de miles de participantes. En el del año anterior, dimos un gran paso al unirnos para echar a las militantes de la Iglesia de los talleres de anticoncepción y aborto, cuyo funcionamiento querían impedir. Avancemos en el Encuentro de este año, constituyendo talleres libres de Iglesia que puedan decidir un plan de lucha en las calles para conquistar el derecho al aborto, por la educación sexual laica, científica y feminista y la definitiva separación de la Iglesia del Estado, y por el fin de la homo-lesbo-transfobia y plenos derechos para las personas no heterosexuales.

[1]           Este artículo del CP supuestamente garantiza la no punibilidad del aborto cuando corre riesgo la salud de la madre o del feto o en casos de mujeres violadas, menores de edad o débiles mentales.