Por un movimiento de mujeres que en todas partes se vea…

image_pdfimage_print

Por un movimiento de mujeres que en todas partes se vea…

 

columna

Como era de esperarse, el triunfo popular y democrático que fue la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo, puso sobre la mesa otros puntos de los derechos de género que siguen sin resolverse, sobre todo el derecho al aborto legal.

Si bien el gobierno impulsó la ley, lo que terminó inclinando la balanza hacia la aprobación fue el enorme repudio que la Iglesia y la derecha política se ganaron durante este debate, que trascendió largamente el ámbito parlamentario y se instaló con fuerza en toda la población. Se hizo evidente que, en el anhelo de derrotar a la Iglesia y sus intentos de volver a la Edad Media, los que luchamos por los derechos de las mujeres y las personas LGBT tenemos como aliada a mucha gente, mucha más que la que se organiza habitualmente en el activismo de género. Y a nuestro juicio, también quedó demostrado que el gobierno de Cristina, a pesar de haber estado a favor de esta ley, no es uno de nuestros aliados, sino más bien un enemigo. ¿Cómo es esto?

El gobierno se jugó a impulsar la ley de matrimonio como parte de sus intentos de legitimarse por izquierda contra la oposición de derecha. Pero, al contrario de su pelea por la ley de medios, para la cual llamó a varias movilizaciones, incluso con el movimiento Tupac Amaru, en este caso se cuidó muy bien de no hacer demasiadas olas: su pelea no salió del debate en los medios y el ámbito parlamentario, y no llamó a ninguna acción en la calle que pudiera darle un cauce unificado y contundente al gran rechazo popular hacia la Iglesia y la derecha. La Federación LGBT se plegó estrictamente a esta política del gobierno y tampoco llamó a movilizar, y el día de la votación de la ley en el Senado se la pasaron tratando de impedir que la gente que se había presentado espontáneamente en el Congreso echara de allí a los militantes de la Iglesia.

La Iglesia y la derecha sí pelearon con todas sus armas: presión directa a legisladores, petitorio de firma obligatoria para las familias de los alumnos de escuelas religiosas, el proyecto alternativo que mencionamos, movilización el día 13, y el propio día 14, el de la votación, se instalaron en la puerta del Congreso con una gran bandera “por la familia de papá y mamá”.

Ante estos ataques, naturalmente la gente movilizada quiso responder, porque la Iglesia venía teniendo mucha más visibilidad que los que estábamos a favor, y venía avanzando en el Senado. Los manifestantes autoconvocados expulsamos a los curas del Congreso a pesar de los esfuerzos de la Federación por impedirlo.

Una pequeña situación que registramos ese día ilustra muy bien esta política pusilánime del gobierno frente a la Iglesia y las dificultades que se le presentan para llevarla adelante: un pibe con la camiseta de la Federación se suma a encarar a los curas para echarlos de la entrada del Congreso. Una dirigente de esa organización lo conmina a retirarse. El pibe le dice que no. La dirigente replica: “Entonces sacate la camiseta de la Federación”. El pibe, sin dudarlo, se la saca y sigue arremetiendo.

A él, y a todos los que se movilizaron espontáneamente, hicieron campaña por su cuenta, discutieron con familiares, pregonaron en el trabajo, agitaron en la escuela y festejaron el golpe que la derecha recalcitrante recibió, va a ser muy difícil convencerlos de que con esta ley es suficiente y que hay que dejar los demás derechos para el tiempo de las calendas. Además, en Argentina existe un movimiento de mujeres formado por muchas organizaciones activas, que una vez por año reúnen entre 15 y 20 mil mujeres en un Encuentro Nacional. Parte de este movimiento tenía la esperanza de que el gobierno K legalizara el aborto, y con el sainete de la guía para el aborto no punible que el ministro firmó pero no firmó, el gobierno empieza a pagar los laureles de progre que supo conseguir. Si sumamos a todo esto los números bajados por Human Rights Watch y la propia OMS sobre Argentina (ver artículo sobre aborto) para comprender la magnitud de la catástrofe social que significa la nula acción del Estado en cuanto a derechos de las mujeres, la conclusión es una: al gobierno se le va a hacer muy difícil resistir la presión por el derecho al aborto, si el tema sale de la sordina de las oficinas ministeriales y se empieza a decidir en la calle a viva voz.

Pero para lograrlo, el movimiento de mujeres va a tener que hacer como el pibe de la Federación: sacarse la camiseta y arremeter. En primer lugar la camiseta del gobierno, porque, al contrario que con la ley de matrimonio, tenemos al gobierno en contra. Con la negativa rotunda a legalizar el aborto, con la provincialización del reparto de anticonceptivos en los hospitales (que en muchas provincias fue sinónimo de hacerlos desaparecer), con un proyecto de ley sobre violencia que es más de lo mismo, con una educación sexual pública que sólo existe en los papeles, con la nula política del Estado para el acceso de las mujeres al trabajo y a la vivienda, Cristina demostró que a pesar de sus discursos y lamentos nunca se puso la camiseta de los derechos de las mujeres.

La segunda camiseta que hay que sacarse es la política de accionar únicamente mediante el lobby parlamentario y los acuerdos con funcionarios amigos, sostenida sobre todo por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal (conocida como Campaña Verde por el color de sus banderas), autora del proyecto de ley presentado en el Parlamento. Si la pelea parlamentaria, sumada a una dispersa expresión de apoyo popular, alcanzó para sancionar la ley de matrimonio, fue porque el gobierno la impulsaba, pero en el caso del aborto no va a haber “libertad de conciencia” para los legisladores K. A menos que la presión del movimiento en la calle ponga al gobierno contra la pared, los avances parlamentarios que puedan lograrse van a correr la misma suerte que la guía sobre aborto no punible enviada a los hospitales por “funcionarios amigos”: el veto (abierto o solapado).

Luego de muchos años de lucha por el derecho al aborto, estamos en una muy favorable situación para avanzar. Desde la aprobación del matrimonio, la Iglesia se la pasa en reuniones donde Bergoglio y Aguer se pelean para decidir quién de los dos fue más estúpido. El gobierno ya empezó a sentir el peso de su negativa a legalizar el aborto en cuanto el tema del aborto no punible se les escapó “por error” del Ministerio de Salud. Hasta los funcionarios de la ONU le reclaman a Cristina que por lo menos maquille un poco la situación escandalosa de las mujeres en Argentina. El Consejo Superior de la UBA se pronunció a favor de la legalización. Los estudiantes de varias facultades tomaron la iniciativa de Las Rojas de formar comisiones de género, las cuales han decidido un plan de actividades en función de movilizarse el 28/9 por el aborto legal. Las encuestas expresan lo que vemos y oímos en la calle: el apoyo a la legalización del aborto es creciente, y la sensibilidad de la población hacia los problemas de género se ha agudizado durante el debate por la ley de matrimonio, más aún cuando salimos de él con un triunfo.

Es hora de que el movimiento de mujeres se reúna, convoque y lance una campaña militante en función de una gran movilización el 28/9, Día Latinoamericano del Derecho al Aborto, para exigir al gobierno la firma inmediata de la resolución del aborto no punible y la aprobación del aborto legal. Llamamos a la Campaña Verde y demás organizaciones de mujeres y LGBT a reunirnos para lanzar esta campaña ya, con pintadas, volantes, mesas en todas las ciudades del país donde estemos, reclamos de pronunciamiento público a nuestros dirigentes sindicales (en especial a la CTA, que participa de los Encuentros Nacionales) y a los organismos de derechos humanos.

Y que de las facultades y de cada lugar donde nos estemos organizando salga una delegación al Encuentro Nacional de Mujeres para que desde allí se coordine el plan de lucha nacional.

Las Rojas ya comenzamos una serie de actividades por el aborto legal. Te invitamos a sumarte a esta lucha desde tu lugar de trabajo o estudio, a venir con Las Rojas al Encuentro Nacional de Mujeres de Paraná (ver nota aparte) y a dar junto a nosotras esta pelea para que este sea el Encuentro del derecho al aborto.