Polémicas de cara al 8M

Por un movimiento feminista independiente del gobierno

para ganar el aborto legal



Por Tofi Mazú

Hace tres semanas que el movimiento feminsita se reune en asamblea para organizar la movilización del 8M y las discusiones entre las corrientes políticas que intervienen en el mismo ponen de manifiesto el carácter irreconciliable de las respectivas posturas.

Un reclamo, dos proyectos

Antes y después de asumir, el propio Alberto Fernández tuvo política para intentar ganarse la simpatía de la marea verde. Pero su idea inicial de ir por la despenalización en vez de por la legalización fracasó. En el movimiento intervienen la izquierda, el peronismo, las abolicionistas, las regulacionistas, las víctimas de trata, las que pelean contra la violencia, mujeres organizadas, activistas no agrupadas, etc y entre todas hay mil y un debates políticos, estratégicos, tácticos, teóricos; sin embargo, el único acuerdo es la necesidad de que haya aborto libre, legal, seguro y gratuito ¿Cómo iba la mera despenalización, entonces, a contentar a los millones de personas que nos habíamos movilizado al Congreso el 13J y el 8A?

Ni lerdo ni perezoso, y con las maniobras que caracterizan la habilidad política del peronismo, Alberto se apersonó en la presentación del libro “Somos Belén” y anunció que tenía la intención de armar su propio proyecto de interrupción voluntaria del embarazo. Con la misma velocidad, un sector de la dirección nacional de la Campaña por el Derecho al Aborto aceptó priorizar el tratamiento del aún desconocido proyecto de Alberto en vez de defender el propio. La mismísima Marta Alanís, dirigente de la Campaña y de Católicas por el Derecho a Decidir, se expidió en reiteradas ocasiones a este respecto: «Pensamos que el proyecto del presidente va a estar en sintonía con el nuestro (…) trabajando en el día después, cómo remover los obstáculos para que haya un acceso concreto para la mujer que quiera abortar», declaró Alanís ante Infobae el #19F en pleno pañuelazo, aún sabiendo de los rumores que ya corrían en ese entonces respecto a la posibilidad de que el proyecto del ejecutivo incluyera la objeción de conciencia institucional. “No sabemos si va a ser a un proyecto exactamente a nuestra medida, pero confío en que será un buen proyecto (…) Ese proyecto, que seguramente tendrá más poder que el de la Campaña, igual debe ser aprobado por los diputados y los senadores. Y nosotras pondremos nuestra energía para que también se tomen ideas de nuestro proyecto”, insistió ante el Diario Clarín. Sólo un día después, el flamante ministro de Salud, Ginés González García, salió a confirmar lo que ya se veía venir: «Detalles como la objeción de conciencia, siempre y cuando se garantice que se cumpla el caso, se contemplarán (…) El proyecto no tiene que ser profundizador de la grieta» , se expidió ante La Nación. ¡Qué tupé tiene el ministro al llamar “detalle” a la objeción de conciencia, el elemento principal que obstaculiza el acceso a los abortos en países como Uruguay! Cuando el ejecutivo insiste en “no profundizar la grieta”, lo que está haciendo es declarar abiertamente que pretenden consensuar una ley de aborto con los principales enemigos del derecho a decidir: la Iglesia Católica y el Papa Francisco, uno de los principales aliados internacionales del gobierno. Las declaraciones de Ginés vinieron enseguida a ser complementadas por la propuesta del Plan de los 1000 días, que Alberto anunció en su gira europea; una paupérrima iniciativa aplaudida por el Vaticano, en la que las mujeres más pobres recibirían una miserable ayuda estatal para continuar con embarazos que no pueden llevar a término por su situación económica, dando por resultado más niñxs y madres desamparadxs una vez que cumplieran los dos años de vida. A esto se suma la idea de “adoptar fetos” de mujeres que no deseen o no puedan continuar con su embarazo: usar a las mujeres más pobres de incubadoras de las ricas.

Una movilización, dos fechas

Todo este debate se ha venido cristalizando en las asambleas en torno a la fecha y el recorrido de la movilización del Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Las organizaciones alineadas con el gobierno, encabezadas por Patria Grande, han insistido en movilizar el día 9 y no el 8, con el argumento de que es día de semana. Estaríamos completamente de acuerdo, si para el 8 de marzo la Iglesia no hubiera organizado una provocación mayúscula: movilizar a la Basílica de Luján con sus pañuelos celestes ¡En nuestro histórico día de lucha! El peronismo en pleno, dispuesto a negociar con los oscurantistas cada punto y coma del proyecto de ley a discutir, se están jugando a darle vía libre a los antiderechos para no ensanchar la grieta que divide a quienes estamos por la vida y la autonomía de las mujeres y personas gestantes respecto de los apropiadores de bebés, los abusadores, los enemigos de las mujeres y el colectivo LGBT. Esa grieta que tanto les preocupa a Alberto y Ginés nos recuerda a la grieta que quiso cerrar Fernández el otro día con los genocidas. Las Rojas hemos sido claras desde el comienzo: regalarle el 8M a la Iglesia y los antiderechos es atentar contra el proyecto de ley de la Campaña, traicionado por muchas de sus propias fundadoras, para darle apoyo a uno que no es el que discutió y militó la marea verde y que da espacio a que sea inaplicable por las trabas de la objeción de conciencia institucional. Lo mismo ocurre respecto al destino de la manifestación. Mientras que nosotras nos mantuvimos firmes en que la marcha arribe a Plaza de Mayo, para exigirle a Fernández que no transe con los antiderechos, Mala Junta y sus acólitas insistieron en que el destino debía ser el Congreso, y así lavar de culpas al poder ejecutivo que, para colmo, es quien en este momento está planteando su propio proyecto alternativo al del movimiento. Una vez más, la fe ciega en el gobierno y las instituciones del Estado pisotea el reclamo de millones que en la calle dijimos “aborto libre, legal, seguro y gratuito”.

Mención a parte merece la vergonzosa capitulación del PO y la mayoría del FITU, que en aras de acordar con Patria Grande y el conjunto del PJ, intervinieron en defensa de marchar principalmente el día 9. ¿El argumento? Que ese día debería haber paro general. Interesante fue el momento en que las propias militantes del albertismo empezaron a tomar este “argumento” como propio: de una ingenuidad supina sería creer que le exigirían a la CGT antiderecho (que dirige su propia corriente política) un paro para el día 9, cuando estuvieron durante 4 años abiertamente en contra de llamar a paro contra el macrismo.

¿Pagar o no pagar? Esa es la cuestión

Mal que le pese a las militantes del gobierno, este movimiento no discute cosas chiquitas. Las mujeres y el conjunto del feminismo queremos discutir los grandes temas y uno de ellos es qué va a pasar con la deuda externa. Este debate se viene expresando en torno a las consignas. Resulta imposible que convivan la idea de renegociar y pagar dólar sobre dólar, expresada bajo la consigna “desendeudadas nos queremos”, con la posición de independencia de clase que mantenemos desde la izquierda que es el férreo no pago de la deuda externa, ilegítima por completo y antidemocrática. Sabemos que bajo el adjetivo “impagable”, que adjudican desde el peronismo a la deuda, lo que se esconde es el ajuste a las y los trabajadores, con el afán de juntar la plata para que sea “pagable”.Una clara muestra es la paritaria docente acordada ayer a la noche por unos míseros 23000 pesos: un evidente recorte del salario o el aumento del 51% del monotributo.

Vamos por el aborto legal y que la Iglesia no se meta

Este viernes tendrá lugar la ante última asamblea para la organización de 8M y resurgirán estos inevitables debates. Las Rojas iremos con fuerza a plantear la necesidad de seguir construyendo un movimiento feminsita de lucha, independiente del gobierno y que se plante por el aborto libre, legal,seguro y gratuito en todo el sistema de salud. Porque nuestro proyecto es el de la Campaña, marchemos con todas nuestras fuerzas el 8M a la Plaza de Mayo ¡No podemos regalarle nuestra jornada de lucha a los antiderechos! ¡Ninguna tregua con los enemigos de las mujeres y lxs trabajadorxs!: el 9, exijámosle a las centrales sindicales el paro feminista con movilización y hagamos pañuelazos, asambleas y actividades en los lugares de trabajo y de estudio.