Patria Grande no tiene en su programa el aborto legal

 

Patria Grande no tiene en su programa el aborto legal

El problema estratégico del reformismo, que le abre la puerta a los reaccionarios

 

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Por Belén McClellan

El último fin de semana de octubre se fundó el Frente Patria Grande[1], que nuclea a los espacios autodenominados de la “izquierda popular”. Encabezada por Juan Grabois, íntimo amigo del papa Bergoglio y dirigente de la CTEP, esta confluencia de diversas organizaciones -como Mala Junta-Patria Grande, la CTEP, entre otras- milita el regreso de Cristina Kirchner, mientras se declara popular, democrática, feminista y latinoamericanista”. Pero aunque la mona se vista de seda, mona queda; Así es que, aunque se describan con tanto adjetivo progresivo, el aborto legal no es parte de su programa.

 

El giro a la derecha regional

La ofensiva reaccionaria en el continente, que cristaliza en fenómenos políticos cada vez más conservadores como el caso de Bolsonaro en Brasil, coincide con el fracaso de los proyectos “reformistas”[2] del siglo XXI. Comenzamos a vivir una mayor polarización política. La lucha del movimiento de mujeres es una contratendencia contundente para las intenciones de figuras como Trump, Bolsonaro o Macri; que aunque distintos, son tres expresiones de un mismo fenómeno.

En Argentina, la derecha busca pasar a la ofensiva a través del relato de la “ideología de género”, forma peyorativa de referirse al feminismo. El Opus Dei y todas las iglesias, de la mano de tragicómicos personajes sumamente conservadores como el senador Olmedo, buscan cuestionar los avances del movimiento de mujeres. Así atacan la ESI, el aborto no punible, la conquista de una mayoría social en favor de la legalización del derecho al aborto, la aceptación de sexualidades más libres y un largo etcétera de reivindicaciones y posicionamientos, que desafían al gobierno por izquierda… Pero no son solo Cambiemos y los pastores evangélicos quienes buscan arremeter contra el movimiento de mujeres: el peronismo, la CGT y la CTEP son parte de la tendencia conservadora.

 

Las pibas contra el medioevo

A lo largo del 2018, las pibas de verde conquistaron la mayoría social en favor del aborto legal, en disputa con el atraso social y el oscurantismo de las iglesias. Porque miles y miles de mujeres mueren en la clandestinidad, porque otras van presas; porque la maternidad no puede ser obligatoria; porque no somos una máquina reproductora. Porque queremos que la sexualidad sea libre de mandatos y de opresión. Y lo hicieron de forma militante y activista, en las escuelas y lugares de trabajo, con los pañuelazos en la calle y las históricas vigilias del 13J y el 8A.

Sin embargo, 38 dinosaurios del Senado -institución retrógrada y antidemocrática por definición- negaron la ley con el apoyo explícito del presidente Mauricio Macri y todos sus funcionarios del Opus Dei, como María Eugenia Vidal, Esteban Bullrich o Gabriela Michetti.

Otros actores sociales también se opusieron a la legalización, como la CGT y la propia CTEP, con las descaradas declaraciones de su principal referente, Grabois, al respecto. El rol de estas últimas, que suelen posar de “progres”, como representantes de intereses populares, es profundamente pérfido y traidor. A esto, puede sumarse el reciente llamado de Cristina Kirchner en el CLACSO a la unidad de los pañuelos verdes y celestes.

 

 Grabois, traidor del movimiento de mujeres

Cualquier partido u organización que se diga aliada del movimiento de mujeres, que se precie de feminista,  tiene la responsabilidad de abrazar en su programa la legalización del aborto, como parte de una tarea de primer orden. No solo por la urgencia que tiene terminar con las muertes por aborto clandestino. Sino también, porque no se puede ceder lo conquistado, cuando el movimiento de mujeres viene siendo, sin lugar a dudas, el sector que más dinámicamente se ha organizado por una reivindicación de los de abajo y contra el gobierno de Macri; ya que está libre de los límites que, por ejemplo, imprime la burocracia sindical al movimiento obrero.

No existe la idea de defender los intereses de las mayorías populares, sin sostener el elemental derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo. No existe frenar la avanzada conservadora, sin fortalecer y abonar a uno de los principales polos de referencia para la resistencia. Esto no solo en nuestro país, sino en el mundo. Un claro ejemplo es Brasil, donde han sido las mujeres, también, quienes más firmemente han plantado bandera contra Bolsonaro, bajo la consigna #EleNao.

La CTEP y Grabois regentean planes sociales bien acordados con el vaticano y la ministra de Desarrollo Social: la macrista Carolina Stanley. A cambio, se ubican como un ancla para el desarrollo del movimiento político más consolidado. Organizan estructuras políticas y sociales aliadas a la Iglesia Católica, sin el objetivo de potenciar la fuerza de los trabajadores y desocupados. Estructuras políticas que, aliadas a los conservadores, cumplen la terrible función de contener cualquier posible desborde del régimen y la conciencia promedio de la sociedad.

La ofensiva conservadora no es moco de pavo.  Tiene un objetivo claro, y no es salvar vidas: quieren devolver a la mujeres a la casa, a la esclavitud del trabajo doméstico, a las “buenas épocas” en las que tenían que pedir permiso para hablar, en la que las personas LGBT tenían que esconderse en un armario. Los dirigentes católicos y evangelistas, juntos en esta campaña oscurantista, prefieren que se mueran las niñas y mujeres en clandestinidad, antes de que se organicen, desnudando el carácter opresivo que el Estado y sus instituciones tienen.

El movimiento de mujeres encaró una batalla muy profunda contra los cimientos del sistema patriarcal, y tiene el desafío de redoblar la pelea sin retroceder un milímetro en lo conquistado, mientras teje lazos con las y los trabajadores, el estudiantado y todo sujeto que salga a luchar. Eso es lo que los reaccionarios quieren frenar.

Resignar la pelea por el aborto, y más en un programa de frente electoral,  implica cercenar los alcances y las potencialidades de una nueva generación que empieza a hacer sus primeras experiencias políticas en un mundo más convulsionado. Es así que Patria Grande demuestra, una vez más, que toda organización que no sea revolucionaria es incapaz de defender consecuentemente los intereses de las mujeres, los trabajadores y la juventud. Eliminar del programa político los derechos de las mujeres no es un error únicamente porque es correcto pronunciarse a favor del aborto legal. No es únicamente un problema de principios. Es un problema estratégico, ya que sin la fuerza de un movimiento que hace temblar la Tierra entera, cuestionando parte de las bases de este régimen de explotación y opresión, no se le puede hacer frente a los monstruos que surgen en Latinoamérica y el mundo. Cediendo a las presiones de los conservadores, no hay oposición a Macri que valga. Sin las mujeres, ganan los reaccionarios.

 

[1]  Leer al respecto “Frente Patria Grande: el eterno retorno al mito de la burguesía progresista

[2]  Nos permitimos las comillas porque en relación a los gobiernos reformistas del siglo XX, las medidas del kirchnerismo, del lulismo o incluso del propio chavismo, fueron extremadamente rebajadas, superficiales. “Un factor común a todos los gobiernos “progresistas”, aun con sus fuertes matices, fue que ninguno de ellos modificó en sentido profundo o duradero la forma de funcionar de sus economías capitalistas nacionales. El cambio, cuando lo hubo, fue a nivel de la distribución del ingreso, no de la organización de la producción (…) Así el horizonte estratégico de estos gobiernos está muy por detrás hasta de los propios proyectos nacionalistas burgueses clásicos de los años 50 y 60. Ya no se trata siquiera de proponer un “modelo de desarrollo” sin confrontar con la propiedad y la clase capitalista, sino apenas de administrar una renta extraordinaria (en el doble sentido de su volumen y de su excepcionalidad) apuntando no a metas productivas sino esencialmente redistributivas… y de seguro impacto electoral.” El fin de la “década dorada, Marcelo Yunes SoB Nº 29, año 2015.