Paraná se moviliza por Micaela

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Paraná se moviliza por Micaela

 

¡Ni la lluvia nos detiene!

Foto: Mónica Borgogno 2017

Por Mónica Borgogno, desde Paraná, Entre Ríos.

Estaba anunciada esta lluvia que se hizo pronunciada, también la concentración a las 20 frente a Tribunales en Paraná. Había que llevar velas, ir vestida de negro. Cuando el cielo se puso azul oscuro, casi negro, me llegó el mensaje de que la concentración no se suspendía por lluvia y venía acompañado del discurso del padre de Micaela García, la joven de 21 años asesinada en Gualeguay. Me puse mi remera gris guerrera, con un corazón que dice “Vivas nos queremos” y fui, sin paraguas. Cuando estaba llegando sentí que íbamos a ser muchos, esa multitud de la que hoy hablan los diarios de Paraná. Éramos tantxs que parecíamos abrazarnos. Las miradas eran todas sombrías, de una tristeza larga y profunda. No pude sacar fotos de detalles de esos rostros porque yo también tenía un nudo en la garganta. Una chica jovencita, como Micaela tal vez, me cobijó bajo su paraguas y me dijo: “Cuando pienso en lo que pasó, se me hace una cosa acá” y me señaló su garganta. Gritamos y cantamos juntas, más fuerte que nunca para decir “El Estado es responsable”, “Basta de impunidad” o “Señor, señora, no sea indiferente, se mata a las mujeres en la cara de la gente”. Hubo un aplauso extenso para recordar la vida de lucha de Micaela que nos está marcando un camino. Los “presente” gritados después de cada nombre de mujeres -e hijos- asesinadas en Entre Ríos, aún impunes, se hicieron intensos y generaron desconsuelo. Es que son demasiadas. Ahora, hay un juez, Carlos Rossi, que dejó en libertad condicional a Sebastián Wagner –que cumplía condena por dos casos de violación-, quien se habría autoincriminado y señalado el lugar en donde se encontró el cuerpo sin vida de Micaela. Después llegaron los truenos y una lluvia imparable. Enseguida se empezaron a abrir los paraguas pero nadie se movió. Se necesitaba un poco de contención como en cualquier velorio de alguien querido. No a la justicia por mano propia, no hacer ofrendas florales sino depositar en una cuenta para destinar a los comedores en los que militaba y trabajaba Micaela, seguir su legado, todas consignas del padre de la joven, fueron remarcados -acaso para no confundir a la opinión pública que aprovecha cada ocasión para pedir mano dura-, y nos definieron un rumbo. La lluvia no paraba. A nadie le importó. Cómo podríamos habernos retirado por un poco de agua, ante tanto gesto ético, político, transformador, en medio de semejante dolor.