No más mujeres muertas por abortos clandestinos!

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No más mujeres muertas por abortos clandestinos!

 

nati clasica

“A siete años del comienzo de la implementación del programa nacional de salud sexual, los indicadores sobre salud materna, embarazos no deseados y aborto casi no se han modificado. El cambio de gobierno producido en diciembre de 2007 no ha mejorado la capacidad de las mujeres de ejercer sus derechos reproductivos y de salud, e incluso se han revertido algunos logros”.

Podríamos pensar que estas palabras son de alguna dirigente feminista crítica del gobierno. No, son conclusiones de Human Rights Watch en su informe “¿Derecho o ficción?, la Argentina no rinde cuentas en materia de salud reproductiva”.

La Human Rights Watch, un observatorio internacional de derechos humanos, presentó un informe en agosto de 2010 en base a investigaciones en Argentina, donde demuestra que desde el informe anterior que realizó en 2005 no hubo ningún avance en materia de derechos sexuales y reproductivos, que no se llevó a la práctica nada de lo aprobado en leyes y programas nacionales, que cada vez mueren más mujeres y que esto es responsabilidad de las autoridades nacionales.

Según datos del Ministerio de Salud de la Nación, el 40% de los embarazos en Argentina terminan en aborto, lo que significa 600.000 abortos por año.

Es evidente que las mujeres abortamos. Todas clandestinamente, porque el aborto sigue siendo considerado un problema de justicia criminal y no de justicia social, y gracias a esto mueren en Argentina alrededor de 800 mujeres por año. Oficialmente se reconoce que el 30% de las muertes de mujeres embarazadas son por aborto (información del OSSyR). Tan mal estamos que tenemos el mismo porcentaje de muertes por aborto que Jamaica y Trinidad y Tobago.

 

¿Por qué el gobierno no quiere legalizar el aborto?

Este no es sólo un derecho formal. Se trata de quién decide sobre la maternidad y la reproducción. Y en el capitalismo semicolonial atrasado que, a pesar de los discursos K, sigue rigiendo en nuestro país, la maternidad no puede ser una elección: debe ser un destino. Es el trabajo (gratuito) al que está destinada la mitad de la clase trabajadora. Esto le reporta a la clase dominante las siguientes ventajas:

- Nuestros países exportan la mano de obra que hace el trabajo menos calificado y peor pagado en los países imperialistas. En la división mundial del trabajo, los países pobres se especializan en parir.

- El hecho de dar por supuesto que las mujeres somos o vamos a ser madres, permite que se nos incluya y excluya del mercado laboral según las necesidades de las patronales, sin conflicto social: nadie mide la desocupación de las mujeres. Y que se nos relegue a los trabajos peor pagados e informales: las mujeres somos inmigrantes en el mercado laboral de nuestro propio país.

- Los muchos hijos en las familias trabajadoras permiten un control social inmediato: si tenemos hijos que mantener, lo pensamos dos veces antes de salir a la lucha y arriesgarnos a perder el trabajo, y nunca decimos que no a las horas extra.

- Cuando hay crisis, la familia, y dentro de ella las mujeres, se cargan de más trabajo aún tratando de paliar las consecuencias de la descomposición social: drogas, abandono de la escuela, maternidad prematura de las hijas. La “madre argentina”, tan cara al discurso llorón de nuestra clase dominante, le saca de encima al Estado la responsabilidad sobre el desastre social que provoca la barbarie capitalista.

Imaginemos que se legaliza el aborto. Inmediatamente acudirían miles de mujeres a los hospitales, poniendo en evidencia el fracaso de las políticas de planificación familiar. Se plantearía la necesidad urgente de un plan radical de acceso a la anticoncepción y a la educación sexual. Se plantearía la necesidad de devolverles su cuerpo a las mujeres.

Romper el apartheid de género y que las mujeres empiecen a decidir, no es algo que el capitalismo semicolonial nos vaya a otorgar graciosamente: hay que arrancárselo.

 

Aborto y educación sexual

Entonces, en primer lugar, el aborto legal es un derecho a la vida para las mujeres pobres y trabajadoras, que son las que mueren por no poder pagar un aborto en condiciones de salud e higiene, desconocen las leyes sobre salud sexual y son manipuladas en hospitales para no darles acceso al aborto no punible, a la ligadura de trompas, a los anticonceptivos. De nada le sirvió a Romina Tejerina el artículo 86: aunque lo hubiera conocido, ni siquiera pudo contar que había sufrido una violación, porque en esta sociedad las mujeres, en particular las pobres, estamos educadas para la sumisión, la aceptación, el sojuzgamiento. Y hoy sigue presa…

El aborto legal y la anticoncepción se complementan necesariamente con educación sexual pública. Pero es impresentable como educación sexual la que figura en los lineamientos nacionales, una sarta de principios religiosos, moralistas, biologistas, negadores de la desigualdad de las mujeres y las personas LGTB.

La educación sexual debe ser: -laica, sin la intromisión de la Iglesia que sólo quiere seguir obturando una sexualidad libre, y que sólo nos quiere madres; -científica, que nos forme a las mujeres en los avances teóricos en este terreno, para que no quedemos en el atraso y la ignorancia y tengamos en los hospitales públicos todos los adelantos científicos a nuestra disposición; -feminista, para educar a la sociedad toda en la comprensión de la opresión que vivimos las mujeres, en cómo esto cubre toda nuestra existencia impidiéndonos una vida personal plena, y educarnos a nosotras sobre lo que significa una sexualidad libre.

Lo que hoy se llama educación sexual, en cambio, habla sólo de los peligros de la sexualidad y no del derecho al placer, al respeto y a la igualdad.

La lucha es por aborto legal para no morir, anticonceptivos para no abortar y educación sexual para decidir.

Las Rojas decimos que esta lucha debe ser llevada adelante por el movimiento de mujeres, junto al movimiento LGTB y a la clase trabajadora en su lucha cotidiana por mejores condiciones de vida para todas y todos, por acceso a trabajos dignos, por mejores salarios, contra toda explotación y opresión.

 

¡Por el Aborto legal, seguro y gratuito!

¡Por anticonceptivos al alcance de todas!

¡Por una educación sexual laica, científica y feminista!

¡Por la libertad a Romina Tejerina!

¡Al gobierno de Cristina saquémosle la careta y arranquémosle nuestros derechos luchando en las calles!