Los derechos de las mujeres en el patriarcado nacional y popular

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Los derechos de las mujeres en el patriarcado nacional y popular

 

sticker agenda k mujeresNovias, ex novias, esposas, ex esposas: rociadas con combustible y prendidas fuego por sus parejas o ex parejas; niñas y jóvenes secuestradas y esclavizadas con fines de prostitución; mujeres, de todas las edades, golpeadas en el ámbito del hogar; trabajadoras acosadas en sus lugares de trabajo, muertas por aborto clandestino, obligadas a prostituirse por proxenetas… son apenas la punta del iceberg de la situación de opresión en la que se encuentra la mitad de la humanidad. Y sí, los medios desinforman… tergiversan… pero estas tristes noticias perforan cada tanto las bondades de la Argentina K, mal que les pese a los propagandistas del gobierno y a todo el séquito de funcionarias y funcionarios que detestan los testarudos datos y la toma de posición, y prefieren presentar ante la sociedad las reivindicaciones de las mujeres como una inconexa serie de subsidios aquí y allá.

 

 

Los derechos de la mujer según la historia oficial

El subsidio a las embarazadas que no tienen trabajo, y que no tienen marido con trabajo, que se viene a sumar al subsidio a las madres por cada hijo (hasta cinco hijos), a condición de que no tengan trabajo, ni marido con trabajo. ¿Qué verdad escamotea este tipo de subsidio del gobierno, jamás reclamado por movimiento de mujeres alguno que hayamos conocido, pero enarbolado por todas las que están con Kristina como “la realización del programa de los derechos de la mujer”? Esconde la necesidad impostergable de trabajo genuino para todas, tengan marido o no: ¡el pleno paso de la mujer a la esfera de la producción social! Es evidente que esto requiere más que buenas intenciones. La industria tiende a integrar mujeres a los empleos informales o peor pagados, porque la maternidad dificulta que hagan largas jornadas y requiere licencias que “molestan” a patronales acostumbradas a que la gente viva para trabajar. Desocupación o empleo en negro, temporal, precario, es el destino de la mayoría de las mujeres en el mercado de trabajo. Pero, nos dirán, lograr que los patrones resignen su conveniencia en bien de la igualdad en el trabajo sería una pelea de largo plazo, y mientras tanto las mujeres necesitan un paliativo inmediato. Por supuesto. Pero la acción del estado para paliar en lo inmediato la desocupación de las mujeres puede ir en dos sentidos: subsidiar la integración paulatina de las mujeres al trabajo, o subsidiar la actual exclusión, reforzándola todavía más en los “usos y costumbres” de las relaciones laborales y sociales. La asignación por hijo o por embarazo pertenece a este último grupo. En primer lugar, porque subsidia sólo la maternidad. En segundo lugar, porque su monto cubre una parte de la comida (qué parte, es una discusión con el Indec), pero ni por las tapas alcanza para financiar capacitación, guardería, en fin, lo necesario para tener un buen trabajo alguna vez. En tercer lugar, porque no está acompañado de ningún plan de creación de trabajo para las mujeres, ni mucho menos de medidas de presión, inclinación, reclamo o tibia sugerencia a las patronales (que reciben cuantiosos subsidios y beneficios del Estado), para que se avengan a incluir más mujeres en sus planteles. ¿Cómo intervendría en este problema un gobierno que realmente quiera avanzar en los derechos de las mujeres? Se nos ocurren algunas ideas: 1) Anulación del financiamiento estatal a la iglesia y a las escuelas religiosas y nacionalización de sus propiedades en el país, y utilización de esos fondos para otorgar a las mujeres desocupadas o precarizadas, tengan o no hijos, un subsidio que además de vivir les permita educarse para conseguir un trabajo seguro. 2) Plan paulatino de inclusión de mujeres en todas las empresas, en condiciones igualitarias, bajo pena de multas reales y crecientes para los patrones que no lo cumplan. 3) Lavaderos, comedores y guarderías públicos, gratuitos y de calidad en todos los barrios. 4) Planes de vivienda con prioridad para las mujeres, para que ninguna tenga que pensar en quedar en la calle con sus hijos si en su casa hay abuso o violencia. Uno tras otro, los subsidios K asocian, o más bien atornillan, a la mujer con la maternidad como actividad exclusiva, en concordancia plena con el lugar que la iglesia quiere para la mujer en la familia. Por el contrario, liberar a las relaciones personales de toda compulsión económica, es la base material para combatir la opresión de las mujeres, la violencia y la prostitución. . El programa feminista socialista, en cambio, al apuntar a la inclusión plena de la mujer al trabajo productivo, va en el sentido de romper el aislamiento de las mujeres, haciéndolas parte plena de la clase trabajadora y del movimiento de mujeres. Kristina y Bergoglio contra el derecho de las mujeres a decidir Los medios, las ONG y las académicas empleadas de las distintas oficinas K pregonan la fábula del enfrentamiento del gobierno con la jerarquía de la Iglesia católica. Se da mucho aire a los disgustos que le da permanentemente a Bergoglio la “falta de diálogo” de la Presidenta. Pero si se trata de los derechos de las mujeres…las confrontaciones verbales no se condicen con los acuerdos reales, en los hechos, que tienen la Iglesia y el gobierno K. En primer lugar, coinciden en mantener el aborto en la clandestinidad, exponiendo a las mujeres a intervenciones sin ningún control, y a las más pobres, a condiciones técnicas y de higiene que les cuestan cientos de vidas. Y si hablamos de educación sexual…En 2006 se sancionó la Ley “Programa Nacional de Educación Sexual Integral”, Notablemente festejada por las académicas K como un gran avance en materia de derechos: lo cierto es que fue consensuada con los curas para que el texto saliera. Tan es así, que uno de los artículos de la ley deja librado a cada “comunidad educativa” la “adaptación del proyecto a su realidad sociocultural en el marco del respeto a su ideario institucional y a las convicciones de sus miembros”. Como hasta entonces y como fue siempre bajo el capitalismo patriarcal, los curas pueden seguir enseñando que la homosexualidad es una enfermedad, pueden seguir enseñando que el único método anticonceptivo es la abstinencia, pueden seguir enseñando que el preservativo no sirve y tantas otras barbaridades medievales. Y no sólo en las escuelas confesionales. En Jujuy, donde los jueces que condenaron a Romina Tejerina a 14 años de prisión utilizaron el argumento de que en esa comunidad la violación es parte de la “cultura”, ¿qué tipo de educación sexual pueden llegar a recibir los niños y niñas y las y los adolescentes por parte de esa “comunidad” (comunidad representada por los señores casi feudales de esas tierras) si los contenidos los dictan “las convicciones de sus miembros”? En los hechos la Iglesia católica sostiene a los curas abusadores. Pero no solo la Iglesia! Porque la justicia argentina condenó al cura Grassi a 15 años de prisión por abuso de menores, pero lo deja suelto y le posibilita seguir al frente de la institución cínicamente llamada “Felices los niños”. ¿Qué recursos utilizó el gobierno, qué apelaciones para proteger a los jóvenes y niños de las garras de Grassi? Que sepamos, ninguno. En cambio: el Estado sostiene por ley a la Iglesia católica, pagándoles los sueldos a curas, obispos, arzobispos y seminaristas, y pensiones graciables a personajes del terror como el cura Von Wernich, detenido por bendecir centros clandestinos de detención durante la dictadura… Por si fuera poco, la educación religiosa recibe subsidios por casi ¡2 mil millones de pesos al año! Todas estas cosas por sí solas exigirían de cualquier gobierno que honestamente quiera la liberación de la humanidad (aunque sea un poco) deje de financiar a la iglesia. Hay una coincidencia profunda entre el “modelo Bergoglio” y el “modelo K”: la negación de las mujeres como sujetos plenos de derechos, capaces de decidir sobre su propio cuerpo. Porque tanto el gobierno K y la Iglesia mantienen intacto el rol que la sociedad capitalista patriarcal le destina a la mujer: el de estar atada al trabajo doméstico, el ser la cuidadora “natural” de niñas, niños, enfermos y ancianos. La subordinación de la mujer en la rutina doméstica complementa la subordinación del conjunto de los trabajadores por parte de la clase de los capitalistas. Encerrando a la mujer en el hogar y convirtiendo las tareas de cocina, limpieza y cuidado en una división de trabajo “natural” o una aparente elección personal, el capitalismo logra ahorrarse el pago de beneficios sociales al trabajador, a la vez que naturaliza otra subordinación: la del conjunto de los que crean toda la riqueza de la sociedad por parte de un puñado de ricachones que viven a costa del trabajo ajeno. Cristina y Bergoglio sostienen la familia patriarcal porque es el complemento de la explotación capitalista. La maternidad no es entonces una libre elección, sino una imposición, que sostiene y justifica la opresión de la mujer. Y también la represión a las minorías sexuales, ya que la familia heteronormada, anudada alrededor de la reproducción y la división sexual del trabajo, pone a los homosexuales, de hecho, fuera de la sociedad. Condena a los “minorías sexuales” a sufrir discriminación, por más INADI y ley de matrimonio gay que se haya votado. Para que haya emancipación de las mujeres hay que luchar por la separación de la Iglesia y el Estado. Basta de subsidiar y proteger de la cárcel a los curas abusadores y cómplices del genocidio. Fuera las manos de la Iglesia de la educación. Por una educación sexual científica, laica y feminista que parta de la necesidad de la emancipación de las mujeres. Basta de homo lesbo trans fobia. Por una educación sexual que no esté basada en el temor, sino en el derecho a gozar del propio cuerpo y la sexualidad. Por el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo: anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir.

 

¿Cabildeo parlamentario o movimiento de mujeres de lucha?

Las “feministas K” promueven este novedoso método para conseguir nuestras reivindicaciones. El cabildeo parlamentario consiste en separar a las mujeres “feministas” del resto de las mujeres oprimidas y explotadas y dedicarse a charlar con los funcionarios del estado y, a cambio de apoyo político a tal o cual figura de los partidos patronales, ir consiguiendo votos para algún proyecto parlamentario comprometiéndose a no avivar las aguas de la sociedad… Pero sobre todo y por todos los medios, evitar que las mujeres nos organicemos masivamente y que salgamos a las calles por nuestros derechos. Ya lo dijo Cristina en sus retos a los que luchan: no quiere nada de agitación social, nada de gente en la calle reclamando, nada de trabajadores haciendo paro ni cortando rutas, nada de docentes de Santa Cruz luchando (para eso les mandó la patota el gobernador Peralta), nada de indígenas Qom en la 9 de Julio (y para eso les mandó a los chicos Cámpora)… Y como manda el capitalismo patriarcal, las mujeres en la casa sin chistar! Las Rojas sostenemos, en cambio, que para conquistar nuestros derechos y para terminar con la opresión de las mujeres es necesario ganar las calles contra los funcionarios, el gobierno y la iglesia, que son los responsables de esta situación. La impresionante resistencia y fuerza de las mujeres que luchan día a día por un puesto de trabajo, por mejores condiciones laborales, contra toda violencia y abuso debe transformarse en lucha colectiva. Y debe además, construir lazos con el conjunto de los explotados: para terminar con el hecho de que la mayoría trabaja, vive y muere para disfrute de unos pocos ricachones. Por eso La Rojas luchamos por un movimiento de mujeres anticapitalista y antipatriarcal, independiente del estado y todo sector patronal, capaz de levantarse y luchar en las calles por sus derechos y por revolucionar toda la sociedad.