Lo que el 8A nos dejó

 

Lo que el 8A nos dejó

 

8A

 Por Anita F., docente de la Corriente Nacional Carlos Fuentealba

La histórica jornada del 8A en la calle, mientras se desarrollaban el debate y votación dentro del Senado, nos dejó varias reflexiones y puntos de partidas.

En primer lugar, el propósito que nos convocaba a millones de mujeres en las calles era ganar un derecho y esto no es algo a lo que estamos acostumbradas. No recuerdo haberme movilizado en la calle con el afán de conseguir un derecho, por lo general salimos para oponernos, para resistir, para no permitir que nos sigan recortando libertades. Durante el 8A miles de personas cristalizamos una experiencia importantísima, vivenciamos que la calle no es un lugar más, sino que es EL lugar para conquistar un derecho. Que para exigir que nos escuchen tenemos que copar las calles y hacerlas nuestras, y eso no tiene vuelta atrás.

Pero además esta experiencia fue corpórea: vimos y entendimos que poner nuestro cuerpo marca la diferencia. Estamos tan convencidas de la conquista de este derecho, que no sólo alcanza con llenar las redes sociales, los medios tradicionales de comunicación, los debates familiares y las participaciones en ámbitos cerrados. Entendimos que la diferencia la hacemos con nuestro cuerpo, estando ahí, aguantando las adversidades del clima, de las horas de vigilia, bancando a pesar de los pronósticos desfavorables de los dinosaurios del Senado. Y cuando una experiencia se encarna en el cuerpo es doblemente significativa, porque si estás dispuesta a poner tu cuerpo es porque ya tomaste conciencia de la importancia de la causa que te convoca, pero además vos mediste tu fuerza, que es la fuerza de todas juntas movilizadas.

Por otro lado, el 8A fue una muestra más de la solidaridad entre las luchas. El movimiento de mujeres ha sabido ser solidario con otras causas, como lo sucedido el 1° de agosto, día en el que se daba dictamen para la votación en el Senado, en el que miles nos movilizamos luego del pañuelazo, para exigir justicia a un año del asesinato de Santiago Maldonado. A su vez, durante toda nuestra lucha por el derecho al aborto legal hemos recibido el apoyo de trabajadores y trabajadoras de distintos ámbitos: basta nombrar como ejemplos a los trabajadores de limpieza de la ciudad, luego de la votación en Diputados sacándose fotos con el pañuelo verde; a las y los trabajadores del subte siendo parte en la “Operación araña”, a los mineros de Río Turbio y los trabajadores de la Marrón de FATE haciéndose presentes y acompañando la vigilia frente al Congreso. Es decir que también avanzamos en la conciencia de que enfrentamos enemigos comunes: los poderosos, el gobierno, la Iglesia.

Estas experiencias vividas en los últimos meses no pueden ser borradas por un cachetazo del Senado, estamos más fuertes que nunca, más firmes que nunca, y son un punto de partida para continuar la lucha por el derecho al aborto libre, seguro y legal en el hospital.