Ley sin justicia, concesión con trampa

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  Se aprobó la ley K contra la trata de personas:

 

 Ley sin justicia, concesión con trampa

 

El pasado 9 de abril se sancionó en el Congreso una la nueva ley, presentada por Aníbal Fernández, que regula la trata de personas y la asistencia a sus víctimas, pero lejos de ser un paso adelante para los derechos de las mujeres, lo que oculta esta tramposa ley es una forma de legalizar y organizar la trata de mujeres con fines de explotación sexual.

Lo que intenta el gobierno kirchnerista es reglamentar “el negocio”. En los últimos años ha habido una mayor presión del imperialismo yanqui para la “organización” de la trata en Latinoamérica; prueba de ello es la ley que se sancionó recientemente en Méjico, de características muy similares a la argentina. Es más, el mismo subsecretario para Asuntos Latinoamericanos del Departamento de Estado de Estados Unidos, Thomas Shannon, felicitó personalmente al gobierno por la nueva ley…

En su contenido, la ley distingue entre víctimas menores y mayores de edad. Para el caso de las primeras, siempre se presupone que son víctimas de las redes y que hay un sometimiento, pero para las segundas hay que demostrar que no hubo consentimiento. ¿Y esto que quiere decir? Al parecer, el gobierno supone que existen mujeres a las que les gusta que las esclavicen, las sometan, las violen, droguen y torturen, porque a no mentirse, éstas son las condiciones en las que están las víctimas de la trata.

La trampa que esconde la ley K, es que en el caso de las mujeres mayores de edad puede mediar “consentimiento”, y esa figurilla legal obliga a la víctima a probar que no quiere que la rapten y esclavicen. Además, se establecen penas de miseria que van de 3 a 6 años, cuando en otros países de América latina, como Colombia, Panamá, República Dominicana y Perú, llegan hasta los 23 años de prisión.

Desde el feminismo la ley fue duramente criticada por esto. Lo que las feministas argumentan, con mucha razón, es que las víctimas de estas redes, producto del daño y el maltrato al que han estado sometidas, difícilmente estén en condiciones de inculpar a sus verdugos y de demostrar que se opusieron a ser esclavizadas. ¿Pero quiénes son los verdugos? Los proxenetas claro, pero también y principalmente el Estado. Es que esta explotación (la trata de personas), es la actividad lucrativa e ilegal que ocupa el tercer lugar después del tráfico de drogas y armas a nivel mundial, moviendo alrededor de 32 mil millones de dólares. Y para mantener este negocio, todo el aparato del Estado se pone a su servicio, teniendo como principal cómplice y garante al gobierno, que encima en nuestro país tiene cara de mujer.

 

Por qué el gobierno no termina con la trata

En Argentina, una mujer puede llegar a ser vendida por 5 mil o 150 pesos, y les genera a los captores una ganancia anual de 15 mil dólares. De eso también sabe mucho la policía, que se lleva una tajada, pero los poderes locales, como jueces y funcionarios, no se quedan afuera. El doble crimen de la Dársena, en Santiago del Estero en 2003, dejó a la vista la complicidad de funcionarios de todos los entes del gobierno provincial. Y en estos días saltó, por la denuncia y movilización de vecinos, el funcionamiento de prostíbulos de menores a la vuelta del cuartel central de policía, en plena Capital. Este es el problema político que el gobierno K no quiere tener: una investigación seria daría cuenta de las relaciones carnales que muchos organismos del Estado tienen con las redes de trata y prostitución. Por eso Cristina necesita una ley que no acaba con el negocio ni mucho menos, sino que intenta contener el cuestionamiento social que se está dando sobre la trata a la vez que legaliza la existencia de cuanto prostíbulo y tugurio se vea, ya que adentro puede haber mujeres que “quieren estar ahí”.

Para justificar semejante desarreglo, el gobierno apela al fraguado y mentiroso “derecho a prostituirse”, que sirve para embellecer la explotación sexual, cuando en este negocio 9 de cada 10 mujeres son víctimas de la trata.

La lucha contra la trata y contra la existencia de la prostitución debe cuestionar este capitalismo patriarcal, en el que la mujer se transforma en una mercancía más, una cosa que se puede comprar y vender al mejor postor. Es necesario rechazar cualquier perspectiva que sostenga que la prostitución es un trabajo. Las feministas socialistas no queremos que las compañeras tengan más “trabajo” que implique que las violen, las ultrajen y golpeen, ahí no puede haber realización o gratificación alguna, sólo violencia y trato deshumanizado.

Tenemos que poner en pie un movimiento de mujeres que desnaturalice esta “salida”; luchemos por trabajo genuino y condiciones de vida verdaderamente humana para las compañeras, y por terminar con la red de complicidades e impunidad con que el Estado sostiene la prostitución y la trata de mujeres.

 

Basta de complicidad

Desmantelamiento de las redes de trata

Ni una mujer más víctima de la trata

¡Las estamos buscando, las queremos con vida!