Justicia por Laura Iglesias

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Un femicidio que pone al desnudo con qué desprecio operan el capitalismo y el patriarcado

sobre el cuerpo de las mujeres

 

 Justicia por Laura Iglesias, mujer y trabajadora

 

 las rojas unlu mar del plataLaura Iglesias era una trabajadora social del Patronato de Liberados de Miramar, un plan estatal que tiene como objetivo la reinserción social de personas que han cumplido condena. El 29 de mayo de 2013, se la encontró violada y asesinada en su horario de trabajo, a unas cuadras de donde se le había quedado el auto. El femicidio de Laura Iglesias es una muestra de con qué desprecio operan el capitalismo y el patriarcado sobre el cuerpo de las mujeres, pues ella muere trabajando y muere, además, por ser mujer. Esta Causa debe ser nuestra bandera si queremos conseguir justicia, pero además debe servirnos para denunciar esta situación, para organizarnos y, así, que no haya ni una Laura Iglesias más.

 

Trabajo Social: un oficio femenino paradigma de la precarización

 Las mujeres hemos sido siempre delegadas a las tareas de cuidado, ya sea de forma no remunerada en el hogar o en diversos oficios. Históricamente, las maestras, las enfermeras, las niñeras, las empleadas domésticas y las trabajadoras sociales hemos sido las mujeres. Las compañeras de Laura siguen trabajando en las mismas condiciones en las que ella lo hacía. Es decir,  en situación de extrema vulnerabilidad y violencia, ya que cada una de ellas tutela un centenar de personas que han tenido antecedentes penales de todo tipo, lidiando solas con el lógico escepticismo de los tutelados, que ven en ellas al Estado que los metió presos. Ésto, en un marco de precarización laboral absoluta, con contratos basura, cobrando como si fuesen monotributistas y por cantidad de horas trabajadas. Las compañeras del Patronato de Liberados realizan visitas domiciliarias, y lo hacen en sus propios vehículos, sin viáticos pagados. Las dependencias del Patronato carecen de la infraestructura necesaria, algunas no tienen siquiera baños, no hay presupuesto ni para las biromes y podríamos continuar con una catarata de barbaridades. Sin embargo, lo más terrible de todo es que el contratante sea el Estado y que el gobierno de Scioli no solo no ponga un peso para que esta situación mejore, sino que la agrave, quitándoles a las trabajadoras sociales el seguro que corresponde por tareas de riesgo.

Ante este panorama, no queda la menor duda de que ésta es una tarea que ni el Estado ni el Gobierno quieren garantizar en lo absoluto. Son las trabajadoras sociales quienes la garantizan, mujeres que se hacen cargo de las labores de cuidado más duras, poniendo en riesgo su integridad física y emocional, batallando contra la Policía que constantemente les pone trabas, metiéndose al barrio en soledad y haciéndolo lo mejor que pueden con un presupuesto indignante.

 

A Laura la mató la Policía

 Laura Iglesias formaba parte de esa generación de mujeres que en nuestro país comprendió que tenía derecho a estudiar, a trabajar, a ser independiente y que descubrió que los derechos se conquistan con la lucha, que vivió un Argentinazo, cuando era corriente ver miles de mujeres acampando y cortando rutas por trabajo al igual que sus compañeros varones. Es por eso que, como tantas compañeras, no se callaba ante la situación de precarización laboral que se sufre en el Patronato de Liberados. Pero tampoco se callaba cuando tenía que denunciar a la Policía Bonaerense, que iba en busca de los pibes con los que trabajaba, para que reincidiesen y robasen para la cana. Laura denunció una y mil veces ante sus compañeras de trabajo y ante el Patronato esta situación.

Es que la Policía, en tanto aparato represivo del Estado, se encarga de mantener las cosas en el sitio en que están, como brazo armado de una sociedad en la que la pobreza se castiga con cárcel y al pibe que roba no se le ofrece trabajo ni educación. La perspectiva de Laura y sus compañeras era la opuesta: ellas querían que ese trabajo al que dedican su vida sirviese de algo, intentando sacar de la miseria económica y humana a cientos de jóvenes. Es por eso que Laura fue castigada.

Laura fue asesinada por la Policía, como Luciano Arruga y tantos otros y otras que han estorbado para garantizar el crimen organizado, las redes de trata o cual fuere su negocio. Fue asesinada por enfrentarlos, y fue violada, porque para este Estado y para la Policía que fuese mujer era un agravante.

El pasado 11 de junio fue el último día del juicio al policía Cuello, el único investigado en la causa; y la sentencia se sabrá el 22. El femicidio de Laura causó gran revuelo en la Costa y en la Universidad Nacional de Luján –donde estudió y se recibió de trabajadora social-, por lo cual se cree que Cuello irá preso. Sin embargo, por las mismas pericias que hizo la Policía es posible deducir que hay cómplices, que Cuello no actuó solo; pero ni la Justicia, ni el gobierno de Scioli, ni ningún funcionario quiere investigar a los otros responsables, porque no se quiere dejar a la Policía en evidencia. Esa Policía en base a la cual Scioli erigió su gobierno, esa Policía con millones de nuevos efectivos que nos promocionan en monumentales carteles naranjas a lo largo de toda la General Paz y la Provincia de Buenos Aires. El mismo Estado que permitió que Laura Iglesias fuera violada y asesinada mientras trabajaba, por varios policías, es el que garantiza la impunidad.

 

Femicidio e impunidad

Es probable que, tras dos años de lucha, Cuello vaya preso. Sin embargo, el resto de los responsables y la Policía Bonaerense no sufrirían condena alguna ¿Por qué?. Porque dejar al desnudo la responsabilidad de la Policía sería un golpe muy duro para el Gobierno y para Scioli, pero también porque en este sistema el cuerpo de las mujeres no vale nada.

El Gobierno y las agrupaciones kirchneristas, apoyadas en los medios, imprimen su discurso de acabar con la cultura de la violencia hacia las mujeres, nos dicen que es un problema privado y que debemos solucionarlo de manera individual. Lo que no pueden explicarnos es por qué si es así, el 3 de junio hubo una movilización de más de 600 000 personas en todo el país contra los femicidios. Todos los días vemos nuevos casos de mujeres violadas, golpeadas o asesinadas solo por ser mujeres, y sabemos más del trabajo de la víctima, de la ropa que usaba, de si era infiel, de su estado civil, etcétera que de la situación penal del responsable. Es que la justicia patriarcal evalúa cuánto podría haberse llegado a merecer esa mujer lo que le pasó y encontrar así, los pretextos para dejar en libertad a los femicidas y violadores, bajarles las penas y absolver a los violentos ¿Es ésto una cuestión cultural y de educación, o será una política activa por parte del Estado?

La política del gobierno kirchnerista en torno de esta cuestión es muy clara y, para verlo, solo basta con este ejemplo: con la bandera de la reinserción social, una de sus agrupaciones supuestamente más progres, “Vatayón Militante”, saca de la cárcel a Eduardo Vázquez -que además de ser el femicida que incineró a Wanda Taddei es baterista- a dar recitales en los actos del Gobierno. Este es solo un caso más de los muchos en los que, si no se le puede otorgar la total impunidad y el tipo va preso -por ejemplo, porque el femicida es famoso y el caso trasciende-, se encuentra, de algún modo, la manera de decir que se puede matar, torturar, golpear y denigrar a las mujeres y que no pasa nada. Quien primero educa en que el cuerpo de las mujeres no vale nada es el Estado y quienes lo gobiernan.

 

La precarización laboral y la impunidad las frenamos con la lucha

Las mujeres somos víctimas de la expulsión del mercado laboral, ya sea con despidos, o trabajando en condiciones de total precariedad, en negro y con salarios de miseria. Se nos dice que nuestro lugar es la casa, que es más rentable que tener un sueldo propio que no alcanza para nada. Cuando nos queremos ir de la casa y tener un trabajo o cuando nos organizamos y enfrentamos la precarización laboral se nos paga con violencia, con abuso y con femicidio. La violencia es la forma pura y dura  de obligarnos a permanecer en donde estamos, en la dependencia económica o la precarización.

Sin embargo, cuando abandonamos la pasividad, cuando dejamos de ver nuestro problema como algo  solamente nuestro, cuando pasamos a la organización colectiva, es cuando avanzamos. La posibilidad de que Cuello vaya preso por violar y asesinar a Laura Iglesias, la renuncia de Piombo, el triunfo de Rocío Girat al meter preso a su padre violador, el triunfo de las chicas de Olavarría, son todos ejemplos concretos de que la lucha es el único camino para conseguir justicia. La movilización por #NiUnaMenos fue un hecho histórico que puso en el centro de la escena la violencia hacia las mujeres y consiguió que se visibilice hoy día como un problema político de primer orden. La impunidad solo vamos a frenarla en la lucha, denunciando al Estado y exigiendo la destitución de todos los jueces y funcionarios que amparan la violencia hacia las mujeres.

Las mujeres tenemos el desafío histórico de organizarnos como mujeres y como trabajadoras, de buscar el apoyo de nuestros compañeros en los lugares de trabajo y de estudio, de ser miles en la calle cada vez que se viola, golpea o mata a una mujer, cada vez que se niega un aborto no punible, cada vez que desaparece una piba. Tenemos el desafío de organizarnos para frenar la precarización laboral que sufrimos, de organizarnos política y y sindicalmente, de garantizar en la calle que haya trabajo genuino para todas y que no tengamos que depender de ningún varón para sobrevivir en este mundo de explotación y opresión.

Parte fundamental de esta batalla es estar presentes en cada caso. La lucha por justicia por Laura Iglesias debe ser una parada fundamental de esta pelea, para que se investigue a la Policía, salga a la luz toda la pudredumbre de este Estado capitalista y patriarcal y para que vayan presos todos los responsables materiales y políticos del femicidio y la violación de Laura.