¡En Entre Ríos nos movilizamos contra los femicidios!

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¡En Entre Ríos nos movilizamos contra los femicidios!

 

Por Mónica Borgogno – Corresponsal en Paraná, Entre Ríos

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Este funesto comienzo de noviembre no va a ser fácil de olvidar en Entre Ríos. En el plazo de unos pocos días ocurrieron cinco femicidios, dos en Paraná, tres en Concepción del Uruguay y en el barrio Benito Legerén de Concordia, una chica de 33 años aún permanece grave, tras haber recibido dos disparos de su ex pareja, Miguel Ángel Rodríguez.
El sábado 5 el prefecto Orlando Ojeda, con su arma reglamentaria, salió a matar. Primero a Romina Ibarra, de 35 años, madre de dos hijos que había tenido con otra pareja. Luego, el femicida se dirigió al domicilio de Norma Milessi, docente de Uader, con quien se encontraba en trámite de divorcio, le dio varios balazos y camino al hospital, la mujer murió. Ojeda quedó detenido.
Aún conmovidos por estos hechos nos enteramos que en Concepción del Uruguay en la madrugada del lunes 7, Juan Pablo Ledesma, quien vivía en Basavilbaso y tenía restricción de acercamiento a su ex pareja e hijas, llegó a la ciudad y mató a puñaladas a su ex esposa, Johana Carranza, su pareja y a sus dos niñas, Luciana y Candela, de 5 y 7 años.  
Ese lunes de noviembre, fue de luto. No hacía falta vestirse de negro como dice el ritual, los rostros lo decían todo al igual que los cartelitos escritos a mano denunciando la epidemia de femicidios y responsabilizando al Estado por la falta de políticas que nos protejan de verdad y den respuestas serias e igual de complejas como lo es este fenómeno de recrudecimiento de la violencia hacia las mujeres que nos atraviesa e interpela a diario. Con estas noticias, inmediatamente nos convocamos, ¡éramos cientos!, una vez más para decir “basta”, o mejor: “¡Vivas nos queremos!” y así llegamos hasta Tribunales para exigir justicia.
Por la mañana de ese lunes, como en la jornada del paro nacional de mujeres del 19 de octubre, llegué al trabajo y me puse a hacer cartelitos para multiplicar la convocatoria en el barrio. Mientras pegaba la información en la cartelera, una mujer me miraba. Le pregunté si iba a ir a la marcha de la tarde y me dijo “¿para qué?, no sirve para nada, es peor todavía”. Debatimos un rato hasta que se acercó otra mujer y le pregunté lo mismo. “No, en 30 años que venimos luchando, no logramos nada, estamos cada vez peor”, me dijo. Discutimos otro rato y sentí que perdí la pelea porque se fue sacando otro tema. En cambio a la primera mujer que había presenciado el cruce de ideas, algo le pasó, algo se movió ahí. O esa fue la sensación.
Días atrás, la cajera del Corralón, atendido por una abrumadora mayoría de varones, me sorprendió con su cartelito de Ni una menos. Le pregunté si había ido a la marcha y me dijo que sí.
En cada rincón, sin miedo, es hora de ponerse la camiseta y dar debates acalorados, tratando de convencer que si somos más, mejor; que si somos más al otro día salimos en el diario y empezamos a generar agenda de los políticos que miran para otro lado o solo procuran aumentarse sus dietas; que si somos muchas podemos tejer redes de solidaridad necesarias en situaciones extremas o simplemente para prevenir; que si somos muchas el grito será más potente y podrá ser escuchado de una buena vez.
“Sí, muchas cosas se consiguieron a fuerza de insistir y juntarse”, me dijo la chica que primero dijo “no sirve para nada”. De ese movimiento, un movimiento de ideas y que sale a la calle, hablaba.
Las estrategias para combatir esto que pasa, no parecen sencillas. La realidad de los asesinatos de mujeres hace dar miedo, es cierto. También genera indiferencia y desinterés en buenas dosis. Ahí es donde hay mucho por transformar y actuar, en los escenarios cotidianos, en lo que se repite, en lo que se pasa de generación en generación. Pero además, denunciando el rol pasivo y cómplice del Estado que al no dar respuestas contundentes, termina respaldando el accionar de los violentos. Ahí entonces, otro frente de acción, demandar penas de prisión perpetua, educación sexual para todos y todas (¡funcionarios incluidos!), contención, escucha y protección a todas las víctimas, de verdad.
En lo que se dice o acalla en los medios, hay otra línea por trabajar. En Entre Ríos, lamentablemente las páginas de policiales -tal vez estos crímenes de mujeres ya es hora de que se cubran desde la sección cultura o educación e instalar desde ahí profundos debates-, están ocupadas en demasiado espanto. Están detrás del caso Juan Escobar Gaviria, otro cura acusado de abuso infantil que oficiaba misa en Lucas González, en las escuchas telefónicas  que vinculan a un comisario con bandas de ladrones en Nogoyá, o policías vinculados al abuso de niñas en Paraná pero a los que sólo se exoneró de sus cargos sin que hubiera para ellos mayores penas y ni siquiera trascendieran sus nombres. Así fue como el crimen de Jessica Dos Santos, que fuera estrangulada y luego descuartizada, cuyos restos fueron encontrados este 10 de noviembre en el Parque Nuevo de la capital entrerriana, apenas duró un día en la prensa local, trascendió a nivel nacional pero por acá, hoy nada se sabe de su asesino.
Este femicidio mal coronó estos días negros. Por eso, hoy una nueva marcha y las seguirá habiendo.
Es que en lo que va de 2016, contabilizamos 13 femicidios en la tierra de “todos los verdes”. Dan ganas de irse a vivir a otro planeta.
En fin, en la calle, juntas, juntos tenemos que encontrarnos, gritando una y otra vez, como hicieron miles de mujeres, históricamente, cada vez que quisieron conquistar un derecho.
 
¡Justicia! ¡Hay que movilizarse y exigir justicia, nos están matando!
 
 
P.D.: al terminar de escribir esta nota escucho en la radio que hay un nuevo femicidio, esta vez en Rosario del Tala. 
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