Educación sexual ¿estamos todas de acuerdo?

image_pdfimage_print

Con la educación sexual ¿estamos todas de acuerdo?

 

separación iglesia estadoEncuentro Nacional de Mujeres de Bariloche. Octubre de 2011. Comisión “Educación Sexual”.  Las militantes de la iglesia evangélica de la ex diputada Cyntia  Hotton llamando a las mujeres a ponerle a los violadores la otra mejilla, acusando a las niñas muertas por abortos sépticos de asesinas, renegando de las relaciones sexuales prematrimoniales y postulando la represión de la sexualidad en la adolescencia , frente a muchísimas más mujeres defendiendo los derechos de las niñas a su integridad física y mental, los derechos de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo , y los de todas y todos a disfrutar de su sexualidad como más les guste. Las primeras no sin recurrir a relatos fantásticos-religiosos sobre las desgracias de la interrupción voluntaria del embarazo, y no sin ser abucheadas por las otras, que defendemos a las cientos de jóvenes que por año mueren por la prohibición estatal de este derecho. Después de dos días de acalorados debates, llegaba la hora de las conclusiones y una sabia coordinadora recuerda a las participantes las bondades del espíritu del consenso, de resaltar las coincidencias por sobre las diferencias y emite:” ¿si empezamos acordando que es necesaria la educación sexual? Porque en eso…estamos todas de acuerdo.”

 


De qué habla el Estado cuando dice educación sexual

La educación escolar de niñas, niños y adolescentes es obligatoria y responsabilidad del estado. A partir del año 2006 la educación sexual está ordenada a través de la ley 26150, Programa Nacional de Educación Sexual Integral. Define como “educación sexual integral la que articula aspectos biológicos, psicológicos, sociales, afectivos y éticos” (artículo 1°). En su artículo 5° indica: “Cada comunidad educativa incluirá, en el proceso de elaboración de su proyecto institucional, la adaptación de las propuestas a su nivel sociocultural, en el marco del respeto a su ideario institucional y a las convicciones de sus miembros”. Cuando se refiere a los contenidos, ellos deberán ser: “conocimientos pertinentes, precisos, confiables, y actualizados sobre los distintos aspectos involucrados” (artículo 3°).

Todos estos términos, aparentemente correctos  y con los que “todas estamos de acuerdo” encierra el mismo problema que el de nuestra coordinadora: esconden más de lo que muestran. En primer lugar, la ley no parte de las problemáticas más agudas: la violencia doméstica contra las mujeres (mujeres apuñaladas, quemadas, abusadas de distintas formas por sus parejas o ex parejas),  la esclavización de mujeres, niñas y niños con fines de trata y prostitución, las muertas por abortos sépticos clandestinos, la homofobia. No pone en discusión estos problemas, es decir, los oculta. Se propone  “prevenir los problemas relacionados con la salud sexual y reproductiva”, pero no dice cuáles son. Así, da lugar a que se siga pregonando que los problemas son únicamente el aborto y las relaciones sexuales fuera del matrimonio. Y ni siquiera menciona los métodos anticonceptivos. ¡Justo lo que dice la iglesia! Propone articular  aspectos biológicos y éticos pero no dice de qué manera (la iglesia articula alrededor de ¡el valor de la castidad!). Dice que cada comunidad adaptará las propuestas a su “ideario institucional y a las convicciones de sus miembros” (¿y si las convicciones de sus miembros son homofóbicas, patriarcales, y de represión sexual?).

Para ejemplificar algunas de las posibilidades citaremos aquí expresiones extraídas de fuentes de la iglesia a fines de demostrar qué cosas se podrían enseñar.

  1. La enseñanza de la educación sexual según la Iglesia Católica

familiaris consortio, 37

“Para las personas que respetan la vida y la familia, enseñar educación sexual significa formar los valores inherentes a la sexualidad humana, que son la transmisión de la vida y la expresión del amor conyugal y cuyo objetivo es que los jóvenes respeten dichos valores por medio de la virtud de la castidad. (…) Importa, sumamente, que el buen padre, mientras hable con su hijo de materia tan lúbrica, esté muy sobre aviso, y no descienda a particularidades y a los diversos modos con que esta hidra infernal [es decir, el vicio de la lujuria], envenena tan gran parte del mundo.  (…)”  

  1. FamiliaEnciclopedia Católica

ec.aciprensa.com/f/familia.htm

Las funciones particulares de marido y esposa en la familia son determinadas por sus diferentes naturalezas y por su relación con el fin primario de la familia, es decir, con la procreación de los hijos. Siendo el proveedor de la familia y superior a la esposa, tanto en fuerza física como en las cualidades mentales y morales que son necesarias para el ejercicio de la autoridad, el marido es naturalmente la cabeza de la familia, incluso “la cabeza de la esposa”, en el lenguaje de San Pablo. Esto no significa que la esposa sea la esclava del marido, su sirviente o su súbdita. Ella es su igual, salvo que cuando existe una discordancia, ella, como norma, se somete.

Siendo que el fin primario de la familia es la procreación de los hijos, el marido o la esposa que esquivan este deber por cualquier motivo,  reducen a la familia a un nivel antinatural y no cristiano. Esto es absolutamente cierto cuando la ausencia de descendencia se ha procurado por cualquiera de los métodos artificiales e inmorales tan en boga actualmente. (Métodos anticonceptivos, aclaramos nosotras)

  1. La homosexualidad según el Catecismo de la Iglesia Católica, Tercera parte, Segunda sección.
  2. La homosexualidad. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves, la Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados”. Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso. (www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s2c2a6_sp.html)

La ley del gobierno K es una muestra más de la alianza del gobierno con la iglesia, porque bajo un titulo “con el que estamos todos de acuerdo”, esconde la continuidad de una enseñanza determinada por cada comunidad educativa, donde el contenido de la misma puede seguir siendo el de una educación sexual basada en el temor,  la represión de la sexualidad y la opresión de la mujer.

Esta política del gobierno nacional K va acompañada de un claro empeoramiento de la situación en las provincias (con gobernadores K). Los gobiernos de Córdoba y Tucumán, de Juan Schiaretti, y José Alperovich, han impulsado en las legislaturas provinciales leyes de educación que incluyen en la currícula escolar la educación religiosa.

Estas dos leyes, aprobadas con los votos del Frente para la Victoria/PJ, el PRO, la UCR y partidos provinciales, se suman a la ya implementada por el Gobernador de Salta, Urtubey, que  instauró – desde el año 2008 – la educación religiosa de culto católico obligatoria en las escuelas públicas.

Como dijimos en ocasión del debate por el matrimonio igualitario:¡que la iglesia no se meta! Separación de la iglesia del estado. Ni un peso más de subsidio a las escuelas confesionales. Basta de educación religiosa en las escuelas públicas.

 

Qué educación sexual hace falta

Para Las Rojas, la educación sexual debe ser Laica, para excluir la posibilidad de educar en la sumisión de la mujer, en la castidad como valor, en la intolerancia a la diversidad sexual.  Científica, es decir, debe proporcionar los conocimientos biológicos de nuestro cuerpo y de los métodos anticonceptivos, así como de la posibilidad de  la interrupción voluntaria del embarazo con sus distintos métodos. Pero también tiene que poner en discusión la trata y la prostitución, la violencia doméstica, la discriminación a las y los no heterosexuales. Lo que hace necesario que sea feminista, cuestionando siglos de opresión sobre  la mujer, separando sexualidad de procreación,  y por la libertad sexual, para que todas y todos puedan desarrollar su sexualidad como más les guste.

Es fundamental pelear para que haya educación laica, científica y feminista. Pero aunque se diera ese gran paso, sería un mero papel si no cuestionamos el conjunto.  Para que haya verdadera educación sexual es necesario asegurar que el Estado reparta gratuitamente anticonceptivos en hospitales y salitas. Debe haber aborto legal en el hospital público. La justicia debe dejar de ser la garantía de libertad de los curas pedófilos y debe dejar en libertad a Romina Tejerina.  Debe haber desmantelamiento de las redes de trata y prostitución, fin del amparo y uso que de ellas hacen la gendarmería, la policía y el poder político, como lo están demostrando los testimonio de Susana Trimarco y las mujeres rescatadas, en el juicio  por Marita Verón. Al mismo tiempo que es necesario un plan de vivienda y trabajo genuino para que las mujeres golpeadas puedan dejar a los abusadores. Es necesario cuestionar este sistema que sanciona  un modelo de familia para reproducir la explotación t opresión.