Discurso en el Buenos Aires. Reflexión de una ex alumna

 

Discurso en el Nacional Buenos Aires. Reflexión de una ex alumna

 

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Por Dani L.

A raíz de lo denunciado por el colectivo “Mujeres y Disidencias CNBA”, muchas y muchos de los egresados de la “magna” casa de estudios de Bolívar al 200 nos empezamos a replantear nuestras experiencias en dichos claustros.

¿Qué violencias sufrimos? ¿Qué cosas naturalizamos? ¿Fuimos cómplices de eso? Culpabilización de la víctima. Yo estaba ahí cuando ese docente le dijo eso, lo vi y no dije nada, entonces ¿Soy parte de esa mierda?

No somos, a los 13 años, responsables del discurso que se nos baja como verdad develada en un aula. Es de destacar que dicha institución llega a nuestras vidas para educarnos, de modo que lo que allí aprendemos nos acompañará por el resto de nuestra vida. Esto es así en la medida en que lo interioricemos y de la manera que lo introyectemos; que bien puede ser adoptarlo por completo o por oposición, rechazándolo y no reproduciéndolo.

Entonces me pregunto ¿Qué aprendimos de dichos docentes y autoridades denunciados y de las prácticas que se enuncian en el discurso que se hizo viral? ¿Qué mensaje nos transmite la violencia machista simbólica y psicológica que vivimos en esos años por parte de los docentes, regentes y preceptores denunciados, todos con cargos jerárquicos o amigos de la casta que gobierna la UBA, y las autoridades cómplices? Aprendimos que los cuerpos de nuestras compañeras, de entre 13 y 18 años, podían ser sexualizados por esos tipos que, adentro del aula y en los pasillos, están en una evidente relación de poder respecto a sus alumnas .

Como mujeres lo aprendimos, y nos pesó. “Ponete una pollera este día de examen con tal profesor”. Es decir: exponete y acomódate a lo que se espera de vos, mujer, y sacale ventaja. Tenés el privilegio de que sin saber vas a aprobar, aprovechalo. Y si no lo tenés, aprendé que todo, como mujer que no representa el canon de lo esperado, te va a costar el doble. Aprendé, seas linda o fea para sus parámetros patriarclaes, a sufrir, a tolerar, a sostener o a pasar desapercibida, para que no te tomen de punto. Aprendé a callarte.

Nuestros compañeros varones aprendieron lo mismo, tristemente, para reproducirlo. Muchos de ellos lo cuestionaron y son nuestros compañeros también en la lucha. Otros quizás lo siguen llevando como parte de su bagaje cultural y reproducirán este machismo sin saberlo, en cosas pequeñas o en daños mayores a las mujeres con las que compartan espacios.

También, algunas y algunos aprendimos el valor de la resistencia colectiva. La participación en la asamblea, las marchas estudiantiles, el Centro de Estudiantes; estuvimos en la lucha por el presupuesto y la democratización de la UBA y del mismo Colegio; el 16 de septiembre como el aniversario de los que, como nosotros, habían luchado por lo mismo, aunque en condiciones mucho más adversas… tan adversas que les supo costar la vida.

Pero ese conocimiento no nos lo dio la institución. Nos lo dimos nosotras y nosotros para nosotros mismos. Para poder sobrevivir y tolerar la violencia que ejercían quienes debían educarnos.  Se lo arrancamos a la institución, frente a sus ataques constantes a la organización estudiantil, a las pasadas por cursos, a las jornadas del centro.

Produjimos otro conocimiento, contrario al imperante, por pura supervivencia. Y solo apoyando esta lucha de hoy podremos saber qué nuevo conocimiento podrán producir de conjunto las nuevas generaciones, en igualdad y en ambientes libres de violencia machista.