Cuando los gorilas salen de la niebla

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Cuando los gorilas salen de la niebla

 

gorilas salen de la nieblaEstamos a fines de una década que nació iluminada por el fuego de la rebelión popular. El Argentinazo volteó a varios presidentes; la insurrección boliviana de 2003 derribó al régimen más racista de Latinoamérica; el pueblo venezolano, a costa de dos mil muertos, derrotó el golpe de Estado contra Chávez. No sólo cambiaron gobiernos: estuvo en peligro todo el régimen burgués. En Argentina, por ejemplo, las organizaciones sociales se adueñaron de las calles, les quitaron los alimentos que necesitaban no sólo al Estado sino también a empresas privadas, y buena parte de la clase media actuaba junto con los desocupados. Todo lo que viniera del poder era malo o al menos sospechoso y no sólo la policía, sino todo el Estado empezó a verse como un gran aparato represivo y fraudulento. La clase capitalista intentó derrotar el alzamiento con la represión, y fracasó. Amenazada con perder todo, se vio obligada a acotar la superexplotación salvaje y sin límites que había impuesto durante décadas (el neoliberalismo) y armar un plan de medidas económicas y políticas que descomprimiera la situación y le devolviera a la burguesía el control del país. El gobierno K vino a cumplir esa función.

Los Kirchner adoptaron medidas que aumentaron el empleo, pusieron al Estado a mediar en la economía (subsidios, nacionalizaciones, etc.), e incorporaron en el discurso algunos de los valores de la rebelión popular. Junto con esto, “coptaron” a gran parte del movimiento de desocupados, rearmaron a la burocracia sindical en su papel de maniatar y amordazar al movimiento obrero, y persiguieron a las organizaciones sociales, sindicales y políticas de izquierda que permanecían independientes del gobierno y la burocracia. Poco a poco lograron que la movilización amainara, que se impusiera cierta esperanza en dejar hacer al gobierno y cierta confianza en las instituciones del régimen burgués.

 

La crisis mundial acelera los tiempos

Este “éxito” de los K (y en general de los gobiernos “progres” latinoamericanos) en hacer retroceder la movilización popular, ya había abierto la puerta para que “la derecha” empezara a avanzar. “La derecha” no es más que la clase capitalista que, una vez recuperado su control político, se prepara para recuperar su economía, o sea los dólares que tuvieron que soltar para contener a las masas insurrectas de Latinoamérica. Un primer intento de esto fue la rebelión de la burguesía agraria, los fascistas cruceños en Bolivia y los “escuálidos” venezolanos. También intentan recuperar la legitimidad de su aparato represivo, muy golpeado y repudiado: esto son las movilizaciones de los ricos reclamando “seguridad”.

Y la famosa crisis mundial hizo que todo se precipitara: ¿Quién va a pagar los millones de millones que cayeron en ese agujero negro de tamaño cósmico que el capitalismo produjo en la economía mundial? ¿Los explotadores o los explotados?

Esta es la gran pregunta que va a signar lo que ya podemos llamar “el período abierto en 2009”. Los explotadores y sus representantes políticos, hay que decirlo, dieron los primeros pasos para que la crisis la paguemos los trabajadores. “El campo” argentino gana las elecciones. En Honduras, dan un golpe de Estado unos tipos que dicen que los comunistas Chávez y Zelaya le van a expropiar los hijos a la gente. Obama, el ex negro bueno, dice que no puede sacar a los golpistas apretando un botón, pero sí puede apretar un botón para instalar bases militares en Colombia.

Un ejemplo muy completo del cambio de política de la burguesía es lo que sucede en Kraft-Terrabusi: despidieron a 160 trabajadores, entre ellos a toda la comisión interna. La patronal no acata la conciliación obligatoria y publica una solicitada diciendo que la empresa es norteamericana y entonces no se rige por las leyes argentinas (¿qué son? ¿la embajada de Estados Unidos?), todo ante la impasible mirada del gobierno, que en vez de mandar a la policía a poner en caja a la multinacional imperialista, la manda a reprimir a los trabajadores. No es de extrañar que Cristina, junto al resto de los presidentes latinoamericanos, haya aprobado las bases yanquisen Colombia con apenas unos refunfuños.

 

¿Qué pasó en estos años con los derechos de las mujeres?

En el terreno de los derechos de la mujer es donde más claro se ve que los avances de este período hay que atribuirlos a la movilización popular, y los límites a la negativa del gobierno. En verdad, algo que caracteriza a estos gobiernos progres latinoamericanos es su completo machismo, que en algunos casos tiene tintes repugnantes (recordar la chorrera de hijos no reconocidos de Lugo y las denuncias de abuso sexual contra el presidente nicaragüense Ortega). Todos han negado el derecho al aborto legal, y en Argentina, los derechos de salud reproductiva y contra la violencia doméstica quedaron en el papel, porque el gobierno K se niega sistemáticamente a crear los mecanismos necesarios para que esas leyes se cumplan (dos casos típicos son los anticonceptivos desaparecidos de los hospitales de varias provincias y la ley de educación sexual, sobre la que volveremos luego).

Sin embargo, en los últimos años, a costa de la presión popular, que se vio en la masificación de los encuentros de mujeres, en la seguidilla de marchas por la libertad de Romina Tejerina y en las denuncias y movilizaciones por casos de embarazos producto de violaciones, el tema del derecho al aborto salió a la luz. Empezaron a correr las encuestas y nos enteramos de que la mayoría de la población está a favor de algún grado de legalización del aborto. Tenemos que darle mucho valor a este triunfo de las mujeres en el terreno de la conciencia, porque el mito decía que acá la iglesia es muy fuerte y que todo el mundo está en contra del aborto legal.

Esta presión desde abajo, si bien no logró liberar a Romina, sí consiguió la absolución de mujeres en igual situación, como Eli Díaz en Córdoba, y el permiso judicial para el aborto de varias mujeres violadas. También explotó la bomba de la trata de mujeres, igualmente gracias a la lucha de familiares y organizaciones independientes. A pesar de que el gobierno contestó con una “ley contra la trata” que más bien legaliza la trata, la cadena de denuncias y la búsqueda de la gente, de organizaciones de mujeres y otras como el sindicato docente de Santa Fe, lograron que se liberara a muchas desaparecidas.

Pero la Iglesia, aliada de siempre del “campo” y los militares, también aprovechó el giro a la derecha de la situación política en este año. El obispo de La Plata, monseñor Aguer, salió a criticar la ley de educación sexual K diciendo que es “neomarxista” y basada en el concepto de género (ver detalles en nota sobre educación sexual). Esto no es más de lo mismo: es el lenguaje de la dictadura, y se permiten utilizarlo porque ahora se sienten parte de un bloque de derecha que está en avance. Los exabruptos del obispo de La Plata tienen el mismo carácter que los vivas a Martínez de Hoz en la Rural, y la solicitada de la patronal de Terrabusi. Son la afirmación de una clase explotadora que ya se considera libre de los límites que le impuso la rebelión. Van por más, van por todo, y solamente la lucha popular los va a frenar, no los restos del gobierno K, con sus tímidas protestas y su televisión progre.

 

Las mujeres tenemos que armar nuestro bloque

En 2008, las corrientes organizadoras del Encuentro Nacional de Mujeres (PCR, CTA) expulsaron de la comisión organizadora a varias agrupaciones que se oponían a posicionarse a favor del “campo”. Luego, en el acto de apertura, junto a Convergencia Socialista, rodearon el escenario con una guardia pretoriana que golpeaba y empujaba a las mujeres que querían expresar su desacuerdo. Todo para leer en el micrófono, rapidito, la declaración de que el Encuentro se solidarizaba con los reclamos de la Mesa de Enlace. Así, estas organizaciones, que se pasaron todo el Argentinazo luchando contra la izquierda que según ellas quería “copar” y “politizar” el Encuentro, lo coparon y politizaron de veras, entregándoselo a la patronal agraria. No sabemos si estas organizaciones tenían conciencia de con qué clase de monstruo se estaban comprometiendo. Pero más allá de las confusiones que la rebelión de las 4×4 pudo crear en sus inicios, a esta altura ya está demasiado claro que no se trata de campesinos sudorosos esquilmados por el gobierno, sino de la más rancia oligarquía, aliada con el fascismo civil, militar y eclesiástico, bloque al que se ha agregado la patronal industrial.

Sus ídolos son el papa y Martínez de Hoz, y su programa es que la crisis la paguen los trabajadores a costa de arrojar a media humanidad en la miseria más abyecta.

Las que luchamos por nuestros derechos como mujeres tenemos que tener bien claro, y dejar bien claro a toda voz en el próximo Encuentro, de qué lado estamos. Nuestro bloque son las obreras y obreros de Terrabusi que resisten los despidos tomando la fábrica contra la patronal imperialista y la policía K. Son las organizaciones sociales y gremiales de Capital que lograron echar a Fino Palacios. Son los que quieren luchar por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, y por una educación sexual pública, laica, científica y feminista.

El próximo Encuentro es en Tucumán, sede nacional de la prostitución y la trata. Lamentablemente, la comisión organizadora ya lanzó volantes de los que el derecho al aborto ha desaparecido. Seguramente, como han hecho otros años, intentarán negociar con la iglesia y el gobierno tucumano para que el Encuentro no haga mucho ruido. La excusa que suelen utilizar es que lo importante es que el Encuentro se realice “a pesar de todo”. Nosotras también queremos que se realice, pero no vemos que para eso haya que vaciarlo de todo contenido de lucha, que es una forma pérfida de destruirlo. O vaciarlo de mujeres: recordemos que el año pasado, parte de la maniobra de las organizadoras fue adelantar la fecha del Encuentro, lo que hizo que a Neuquén fuéramos muchas menos.

Además, este año no es cualquier año. Las miles que vamos a Tucumán tenemos una gran oportunidad de darles un golpe a los gorilas desbocados, porque los derechos de la mujer son un “favorito” de la derecha para agitar demonios y llevar agua a su molino.

 

Todas al Encuentro de Tucumán!

¡Qué el Encuentro se pronuncie, sin vueltas, por el aborto legal y la libertad de Romina!

¡Que la voz de miles de mujeres grite bien fuerte: fuera la

iglesia de la educación!

¡Este año, tenemos que lograr que el Encuentro se pronuncie por el triunfo de todas las luchas obreras contra la barbarie capitalista!

¡Abajo los golpistas de Honduras! ¡Vivan las mujeres hondureñas que tomaron la Casa de la Mujer contra la interventora golpista!

¡Que la crisis la paguen los patrones!