Contra las redes de trata y el Estado proxeneta

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Comenzó el histórico juicio de Alika Kinan contra las redes de

trata y el Estado proxeneta

 

Por Marina Hidalgo Robles desde Usuahia

Alika logró escribir una etapa muy importante en la pelea del movimiento de mujeres contra las redes de trata y explotación sexual: llevó al banquillo de los acusados a tres de sus proxenetas -Pedro Montoya, Ivana García y Lucy Campos Alberca- y al propio Estado municipal. No fue fácil, ni de un día para otro, pero su fuerza y el apoyo de las organizaciones de mujeres y trabajadoras comprometidas con esta pelea fueron un enorme contrapeso a las presiones que existieron desde el primer día para amedrentar esta lucha.
Aunque el juicio todavía está en curso, y su resultado no está dicho, este histórico proceso nos deja una gran experiencia y nos obliga a sacar conclusiones para seguir construyendo la pelea abolicionista. Las Rojas estamos presentes en Ushuaia para acompañar a Alika y hacer fuerza junto a ella y las compañeras estatales y docentes de la CTA de esa Ciudad para lograr justicia.

 

La historia de Alika

Alika es oriunda de Córdoba, donde vivió los primeros años de su vida junto a su hermana y su madre. A los 16 años, ella y su hermana menor quedaron solas: su padre ya las había abandonado a las tres, y luego se fue su madre. A esa edad quedó a cargo de otra niña, con la responsabilidad de garantizar el mantenimiento de ambas. Con una historia de prostitución familiar, Alika encontró en la prostitución (o más bien los explotadores la encontraron a Alika) su única alternativa de un ingreso económico.
Este fue el primer capítulo de años de explotación sexual que atravesó.
En Córdoba transitó por varios “privados” (departamentos donde se explotaba sexualmente a las mujeres) y ahí conoció a una mujer que la contactó con una de las proxenetas del prostíbulo El Sheik de Ushuaia, Claudia Quiroga.
Tenía 18 años cuando llegó a esa ciudad con un pasaje pagado por los proxenetas y con una libreta sanitaria lista para habilitarla a “trabajar como alternadora”. Desde el primer día en la isla, le explicaron la modalidad del lugar: el porcentaje del dinero que quedaba para ella y para el prostíbulo (50% de las copas, 50% de los “pases” o una suma fija si la actividad sexual se desarrollaba fuera del local); las multas que debía pagar si se pasaba del tiempo indicado para estar con cada prostituyente o si no limpiaba el local; los “francos” o el “tiempo libre” permitido.
En Ushuaia estuvo en varios prostíbulos, todos con la misma modalidad. En esa ciudad conoció a un militar español con quien se fue algunos años a su país. Allí tuvo tres hijas, y luego de casi 10 años de violencia y explotación sexual por parte de su marido Alika regresó a Argentina, nuevamente al Sheik.
Durante algunos años, a raíz de conocer a su marido actual, quien fuera trasladado de Ushuaia a Mar del Plata, ella transitó por distintos prostíbulos en distintas ciudades.
El 9 de octubre del 2012 se realizó un allanamiento en El Sheik impulsado por la PROTEX (ex UFASE, fiscalía especializada en Trata) en el momento en que Alika se encontraba en el local junto a otras 6 mujeres.
Ese día fue una bisagra en la vida de Alika; el allanamiento como una acción disruptiva en la cotidianeidad (más allá de la casi nula intervención del Estado en garantizar condiciones mínimas de asistencia) fue para Alika la posibilidad de romper una realidad de sometimiento y violencia cristalizada en años de explotación.

 

De víctima a luchadora

“¡¿Qué me está pasando?!” Cuenta Alika que esa pregunta pasó por su cabeza cientos de veces. Después de años de vivir en el sometimiento, violentada por esas personas que deberían haberla cuidado y brindado afecto, donde todos sus vínculos sociales se acortaban al circuito prostibulario, la idea de que era posible otra alternativa de vida, otro tipo de vínculos, empezó a germinar en ella.
Así empezó su recorrido militante. Leyendo acerca del patriarcado, de la pelea abolicionista, viendo esas mujeres que se organizaban para marchar… El movimiento de mujeres con sus luchas y sus ideas ayudaron a que Alika pudiese entender que algo de lo que le estaba pasando en ese momento a ella, no era su culpa ni responsabilidad, sino un régimen de explotación y opresión, contra el que hay que pelear junto a otras compañeras y compañeros.
El día del allanamiento, Alika se sacó de encima a los gendarmes defendiendo “su trabajo”. Le llevó algún tiempo y mucha angustia poder procesar que todo eso que la rodeaba era una sucesión de una violencia tras otra; que la humillación, los golpes y  violaciones cotidianas nada tenían que ver con la posibilidad de ser dueña de su propio cuerpo y su destino, como le habían hecho creer desde niña.
Alika encontró en la militancia abolicionista un canal por donde romper con esa realidad a la que estaba atada. La lucha abolicionista tiene años en el país y se encarna en nombres como Sonia Sánchez, de quien tomamos el concepto de Estado proxeneta, Elena Moncada y tantas otras mujeres, como las organizadas en AMADH, mujeres que salieron de la situación de prostitución de la mano de la lucha abolicionista. No se puede dejar de mencionar el trabajo de Lohana Berkins, quien se dedicó a organizar a las travestis y siempre mantuvo alta la bandera de la lucha contra la explotación sexual y por el trabajo, para que las travestis pudieran acceder a trabajos que les permitieran salir de la prostitución y contra el Estado, que no sólo no da salida sino que además reprime; así fue ejemplar su lucha contra los edictos municipales que le daban carta blanca a la policía para detener a las travestis a su antojo. Alika tomó la posta en el proceso penal que se desprendió del allanamiento y se presentó como querellante, pero no sólo contra los proxenetas sino que además arremetió contra el Estado que la había anclado a la explotación sexual. Hizo de su causa una campaña, “esto es por mí y por todas las otras mujeres”, repitió cada vez que pudo. Muchas organizaciones nos hicimos eco de su voz y su lucha, viendo en Alika el puntapié para dar una pelea contra las redes de trata y explotación sexual.

 

El Estado proxeneta

El escándalo social por la desaparición de Marita Verón en 2003, la lucha de familiares, del movimiento de mujeres por Otoño Uriarte y también del movimiento estudiantil como, por ejemplo, en el caso de Florencia Penacchi y tantas otras, fueron haciendo cada vez más visible que las redes de trata tienen una trama dentro del propio Estado para poder funcionar, para hacer “desaparecer” mujeres y para que esa tremenda maquinaria siga funcionando. La creación de la unidad fiscal especializada en trata fue producto del escándalo de que una joven estuviera durante años desaparecida y a ojos de todo el mundo el propio Estado estuviera enchastrado. Aunque la PROTEX logra un promedio de dos denuncias por semana, hasta el momento sólo se han iniciado causas en 200 casos y en la gran mayoría no se han logrado más que algunas condenas. Este año el gobierno de Macri degradó a la UFEM a la categoría de procuraduría, disminuyendo aún más el magrísimo presupuesto y los magrísimos recursos del esforzado personal. Es un pequeñísimo David que claramente no puede contra un Goliat que es toda la maquinaria estatal. Si hay avances, si estas causas llegan a algún lugar es por la presión social, por la gran sensibilidad social hacia los dramas de las mujeres y porque el movimiento de mujeres ejerce en las calles una presión imparable.
El juicio de Alika no es el primero contra una red de trata. Pero sí es la primera vez que la propia víctima querella no sólo contra los tratantes sino también contra el Estado. Por eso su valor es la posibilidad de marcar un precedente en relación al rol del Estado. En Ushuaia, como en tantas otras ciudades del país, las reglamentaciones locales se contraponen a los tratados internacionales abolicionistas a los que adhiere nuestra legislación a nivel nacional. Así existen ejemplos de ciudades donde la prostitución está ilegalizada, dando lugar a la persecución de las mujeres, y otros casos en los que la reglamentación habilita la práctica prostibularia.

El caso de Alika permitió conocer a fondo la situación de Ushuaia. Ahí la Municipalidad, a través de la Dirección de Comercio, tenía una serie de ordenanzas que reglamentaban las habilitaciones de todos los locales comerciales, incluyendo los “Clubes Nocturnos”. A las mujeres que eran explotadas sexualmente se las registraba en dicha Dirección, se les consignaba una Libreta Sanitaria, que era controlada por los inspectores, y se las obligaba a realizarse controles médicos periódicos.
Esto se hacía bajo el argumento de la manipulación de bebidas y comidas. Sin embargo, esta justificación no logra explicar por qué a las mujeres se las sometía a controles ginecológicos mensuales o análisis para la detección de enfermedades venéreas.
Una funcionaria de dicha Dirección, ahora jubilada, declaró en el juicio que había una ordenanza municipal y libreta sanitaria específicas para este tipo de locales, diferenciada de la que implicaba a los bares, restoranes y confiterías. Aunque no pudo explicar por qué.  De haberlo hecho la funcionaria tendría que haber declarado que el municipio no regulaba los locales por la manipulación de bebidas, sino ¡por la manipulación de los cuerpos de las mujeres!
Tal es así que las inspecciones que se realizaban en estos locales, como en El Sheik, sólo se restringían a controlar que en el lugar hubiese matafuegos, que no se fumara adentro, que las libretas no estuviesen vencidas. Ni siquiera todas las inspecciones se hacían de sorpresa y en horarios de funcionamiento de los prostíbulos, como para tener certeza de cuáles eran las condiciones en que estaban las mujeres que, según la ordenanza municipal, estaban habilitadas para servir comidas y bebidas.
Demás está decir que ni siquiera esto estaba garantizado. De las declaraciones de quienes llevaron adelante el allanamiento se sabe que las condiciones en las que encontraron el lugar eran inhumanas: la suciedad de semanas, el olor nauseabundo, heces de roedores, olor a gas por pérdidas, espacios diminutos donde dormían hacinadas las mujeres. Un verdadero antro que facilitaba el sometimiento de las mujeres que allí se encontraban.
Un dato que surgió de las declaraciones es el hecho de que las libretas sanitarias de los clubes nocturnos eran entregadas casi en su totalidad a mujeres; evidentemente si la actividad que se ejercía fuese sólo la de servir bebidas y comidas, no sería raro encontrar varones trabajando…
La complicidad del Estado en el funcionamiento de las redes de trata y explotación sexual se convierte en garantía cuando es el mismo municipio el que escribe las normas que determinan la forma en que las mujeres son explotadas. El caso de Alika no deja lugar a la duda acerca de la responsabilidad estatal en el funcionamiento de los prostíbulos, que no pueden existir sin esas mujeres que, como dijimos más arriba, encuentran en estos lugares su única posibilidad de un ingreso económico.
Pero además de reglamentar el funcionamiento, el Estado también es responsable del sostenimiento de las mujeres en la situación de explotación. Luego del allanamiento del Sheik en 2012, donde intervino la Oficina de Rescate del Ministerio de Justicia, el trabajo posterior con estas mujeres terminó en la primera declaración testimonial.
La Provincia de Tierra del Fuego les ofreció una casa donde alojarse, que meses atrás había sido calificada como “inhabitable” por una trabajadora estatal del área de violencia. Las condiciones edilicias eran pésimas (goteras, humedad, cables eléctricos salidos, rotura de los cimientos) y no contaban con más que algunos colchones. La propuesta para garantizar un ingreso económico fue… ¡un curso de tejido!
No es de extrañar lo que declaró una de las trabajadoras que acompañó a Alika en su proceso testimonial: es frecuente que en los allanamientos se encuentre más de una vez a las mismas mujeres.
Porque además del proceso subjetivo que tienen que atravesar para pensarse como víctimas de esa situación y así intentar una alternativa, las necesidades materiales tienen que ser resueltas. Y cuando el Estado no lo garantiza, los prostíbulos sí.

 

AMMAR le escribe el alegato a los proxenetas

Los abogados defensores de los proxenetas imputados se centraron en dos argumentos que se pueden resumir así: 1) en tanto el municipio tenía reglamentado el funcionamiento de los “clubes nocturnos”, no hubo ningún delito; 2) las mujeres podían entrar y salir, lo que significa que estaban en el prostíbulo “trabajando” por su propia voluntad autónoma. ¡Es realmente preocupante ver cómo los argumentos que levanta la organización AMMAR son utilizados por los mismísimos proxenetas!
La causa de Alika es la respuesta más contundente frente a los argumentos que esgrimen que la reglamentación podría “aliviar” la situación de las mujeres que están en situación de prostitución. ¡Todo lo contrario!, la legalización le ha dado más aire a los proxenetas para explotar los cuerpos ajenos. Ninguna ordenanza ha logrado evitar que la prostitución sea un destino muy posible para las mujeres pobres, que frente a la urgencia de alimentarse ella y a su familia, terminan entrando en estas redes de las que es tan difícil salir.
El regulacionismo trafica lo que en verdad son situaciones de extrema pobreza, vulneraciones sociales y afectivas, como una determinación libre y autónoma de estas mujeres.
En las mujeres que se encontraron en El Sheik (y en la mayoría de las mujeres encontradas en los distintos allanamientos de prostíbulos) se ven condiciones similares y repetidas: necesidades económicas imposibles de afrontar, situaciones de violencias previas, migraciones nacionales o internacionales, aislamiento de los vínculos afectivos, condición de mujer o trans. Todas situaciones que las dejan más desprotegidas frente al acecho del proxenetismo.
Estas condiciones previas se profundizan cuando las mujeres entran en los circuitos de explotación. Los traslados de prostíbulos continuamente, el hecho de vivir en el mismo prostíbulo donde son explotadas y las condiciones denigrantes en las que se las mantiene, las deudas que les arman los proxenetas (por ejemplo al pagarles el pasaje de traslado de su lugar de residencia hacia la zona del prostíbulo), la imposibilidad de tener momentos de esparcimiento, y por supuesto la violencia y violación cotidianas.
Las ataduras que mantienen a las mujeres en los circuitos de explotación no son siempre cadenas de hierro. Hay una construcción subjetiva que las mantiene en la situación de violencia, en tanto no es posible para ellas considerar la posibilidad de otra realidad. “¿De qué voy a trabajar, si yo no sé hacer nada?” Esta frase, que le dijo una de las mujeres encontradas en El Sheik a una trabajadora estatal, no sólo revela la centralidad que tiene la inserción laboral genuina para salir de la explotación, también da cuenta de la imposibilidad que sienten luego de años de estar sometidas. La posibilidad de las alternativas frente a la explotación para estas mujeres es nula.
Esto es lo que tantas veces ha relatado Alika, el proceso profundo que tuvo que atravesar para cuestionar una historia de violencia y miseria. Cuando lo único que hay alrededor es violencia, aparece una necesidad concreta de “supervivencia subjetiva”,  algo así como una ilusión de elección para no ser devastada.
Y esto se profundiza con el correr de los años: las trabajadoras que asisten a las mujeres en los allanamientos explicaron las diferencias que encuentran en las mujeres dependiendo de la cantidad de años que tengan en los circuitos de explotación.
Y también lo explicó Alika en reiteradas oportunidades contando que en el momento del allanamiento sólo quería que los gendarmes se fueran y no le “quitaran su fuente de trabajo”.
El aprovechamiento de los proxenetas de esta fragilidad de las mujeres es clara. Entonces aparece AMMAR para darles los argumentos que no tienen, necesarios para defender su negocio. Las condiciones en las que se demostró que estaban las mujeres en los prostíbulos de Ushuaia se asemejan más a una condición de esclavitud que a una actividad laboral. Y eso no es más que el resultado de la reglamentación en una ciudad. Los abogados de los proxenetas hablaron de autonomía, de leyes que controlan, de la responsabilidad del Estado, y de relaciones laborales. Mientras tanto las mujeres siguen siendo violentadas en cada prostíbulo de la ciudad.

Como ya dijimos, el juicio sigue durante los próximos días, podés seguir la crónica diaria visitando www.lasrojas.com.ar, mientras tanto seguimos acompañando el juicio desde Ushuaia y con la lucha en las calles de todas las organizaciones que nos reclamamos abolicionistas para conseguir ¡Justicia por Alika! Para que los proxenetas y los funcionarios cómplices vayan presos y para avanzar en conquistar trabajo genuino para mujeres, travestis y trans.

 

La lucha abolicionista en las calles

El juicio de Alika contra sus proxenetas y el Estado fue un punto que permitió comenzar una experiencia de coordinación en la lucha abolicionista. Alika vio en el movimiento de mujeres una alianza clara para pelear contra los explotadores, y organizaciones como Las Rojas vimos en ella una gran luchadora que está dispuesta a llevar la pelea hasta el final. Por eso en el último Encuentro Nacional de Mujeres de Rosario, impulsamos que los talleres de Trata y Explotación Sexual se convirtieran en un espacio de organización. De ahí pusimos en pie la Mesa de Acompañamiento al Juicio de Alika desde donde se pudo organizar una acción en la Casa de Tierra del Fuego en CABA, para acompañar el primer día del juicio. En los días previos se hizo una importante campaña en muchas facultades y colegios del país, difundiendo la lucha de Alika y que encontró gran solidaridad entre estudiantes y docentes. Estuvimos presentes poniéndole el cuerpo y la voz a esta lucha en la Casa de la Provincia de Tierra del Fuego: Las Rojas, agrupación estudiantil ¡Ya Basta!, AMADH, trabajadoras y trabajadores de ATE Promoción Social y del programa Andares, Furia Trava, Bachillerato Popular Mocha Celis, Campaña Abolicionista, Madres de Víctimas de Trata, CTA, APDH, Insurrectas, Mujeres en Lucha de la Dignidad, Plenario de Trabajadoras, AGD UBA, PC, Campaña contra el abuso sexual infantil, y mujeres y trans independientes.
Que el juicio de Alika salga favorable sería un gran golpe para el proxenetismo y la trata, y un enorme punto de apoyo para seguir avanzando en esta pelea. Pero nosotras no confiamos ni un poco en la justicia patriarcal, y estamos convencidas que si el juicio llegó hasta acá es por la presión que logró Alika y el acompañamiento de las organizaciones de mujeres. Durante esta semana su caso tomó relevancia nacional, algo que asustó tanto a los proxenetas que intentaron una campaña de amedrentamiento que fue desde intentos de deslegitimar su palabra hasta amenazas a Alika y su familia. Nada de esto alcanzó, porque ¡Alika no está sola!