Absuelven a todos los imputados en el caso Marita Verón

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Desmantelamiento Ya de las redes de trata y explotación sexual

 

Un escándalo de complicidades:

 

Absuelven a todos los imputados en el caso Marita Verón

 

 

justicia por MaritaLa absolución de las y los imputadas por el caso Marita Verón conmovió a toda la sociedad. Las pruebas aportadas por Susana Trimarco y las víctimas que declararon durante el juicio eran irrefutables. Daban cuenta de nombres, lugares, fechas, modos de acción, con total precisión. Sin embargo, el tribunal desestimó todas estas pruebas. La impunidad garantizada por el gobierno K de Alperovich dejó libres a los responsables. Kristina se dedicó a darle premios a Susana Trimarco en Plaza de Mayo y solo dos días después las y los proxenetas salían libres. La complicidad política entre el proxeneta la Chancha Alé y el gobernador K Alperovich es parte de la explicación de tan repudiable fallo. Marita es la más visible de miles de víctimas de las redes de explotación sexual que someten a mujeres, trans, niños y niñas.

 

El negocio de la explotación sexual y el estado proxeneta

Es importante preguntarse por qué existe la trata. La primera respuesta es que está al servicio de la explotación sexual. O sea, no se secuestran mujeres sólo para tenerlas cautivas, sino para someterlas al negocio millonario que es la explotación sexual. ¿A dónde hubiesen llevado a Marita Verón si los prostíbulos no existieran?

La explotación sexual es una forma de sometimiento de mujeres, trans, niñas y niños a cualquier tipo de actividad sexual, donde media un intercambio; dinero, vivienda, lugar donde bañarse, seguridad en la calle, o cualquier cosa que la persona explotada “requiera”.

La explotación se contrapone a la autonomía: necesariamente hay alguien que explota. El proxeneta es la figura más conocida, y es quien media entre las mujeres y los clientes / prostituyentes y por supuesto se apropia de una parte del dinero obtenido en esa situación. Pero aun cuando no hay un proxeneta, alguien ejerce la explotación, por ejemplo el prostituyente, quien hace un abuso de la situación de vulnerabilidad en la que está la mujer. También hay policías que cobran “la parada” en la calle; hay quienes cobran por “cuidar” a las mujeres. Nunca una mujer está sola con su cuerpo y decisión en una situación de explotación sexual.

Esta explotación sólo puede ser sostenida cuando el Estado patriarcal toma parte. El traslado de personas a través de fronteras internacionales, nacionales y locales; habilitación de zonas rojas o locales; indultos a tratantes y proxenetas; circulación de grandes sumas de dinero sin control; “protección” de la policía, no podrían ser resueltos sin la complicidad estatal. Policías, gendarmes, inspectores, jueces y fiscales, funcionarios de todos los colores son necesarios para sostener el negocio en todos los niveles.

El negocio de la explotación sexual es tan grande que impacta directamente sobre las economías nacionales. Además del intercambio entre una mujer y un prostituyente, los prostíbulos pagan impuestos, las marcas de cigarrillos y bebidas que ahí se venden pagan millones por publicidad, los administrativos, seguridad y choferes de los prostíbulos reciben su parte, y también los negocios necesarios para el circuito como hoteles, taxis, etc. Ni hablar de las coimas a policías, inspectores y demás funcionarios. El dinero que se mueve del país donde las mujeres son explotadas a los países donde está su familia generan grandes ingresos de divisas para esas naciones. Uno muy importante, el turismo sexual.

Está en discusión cómo combatir la trata. Suponer que es la única forma en que se presenta la “prostitución forzada” da lugar a especular que podría haber algún tipo de “prostitución libremente consentida”, cuando en realidad el secuestro y traslado son el aspecto más visible de una situación mucho más profunda de violencia y sometimiento.

Por eso la consigna “sin clientes no hay trata” hace responsable sólo a los prostituyentes y no a los empresarios de la explotación sexual, lavando las culpas de los estados que amparan a esos empresarios.

 

La mujer víctima de explotación sexual… una polémica con AMMAR-CTA

Existe una tendencia, corporizada en el sindicato AMMAR-CTA, que apoya la idea que las mujeres podrían elegir el “trabajo sexual autónomo”: la diferencia entre “trabajo” y explotación radica en la presencia o ausencia de un proxeneta. Esta idea parcializa la realidad, creando una burbuja donde las mujeres se vincularían con hombres con los que podrían negociar sin que se las intente robar; podrían decidir el uso del preservativo sin que haya una negativa rotunda; podrían elegir qué tipo de prácticas tener sin ser violentadas y sometidas.

Si se permite libremente el ejercicio de la explotación sexual, se estaría garantizando el destino seguro de las mujeres víctimas de trata. El debate con las compañeras que defienden la legalización de lo que ellas llaman “trabajo sexual” radica justamente ahí, en que hacen una falsa separación entre el hecho de la trata y su finalidad, la explotación sexual, negando el motivo principal del secuestro de mujeres y niñas.

Las compañeras de AMMAR CTA hacen una separación entre mayores y menores de edad. Consideran que cuando las víctimas son menores hay explotación, pero que las personas adultas podrían elegir libremente. Esto supone que una niña o niño que es explotada vería completamente modificada su situación una vez que cumpliera los 18 años y todas las opresiones y coerciones que antes operaban sobre su poder de decisión desaparecerían dando lugar a un ejercicio pleno de su elección.

La experiencia demuestra que la gran mayoría de las mujeres y personas trans adultas que hoy son explotadas han sido víctimas de distintas formas de violencia –incluso explotadas sexualmente– desde su infancia o adolescencia. Estas experiencias se marcan en la subjetividad, generando un tipo de relación con los otros y otras, y con el propio cuerpo, que las ubica en un lugar de mayor vulnerabilidad. Se naturaliza la violencia hacia el propio cuerpo, generando sentimientos de culpa y auto responsabilización por estar en esa situación. Aparecen mecanismos defensivos, que permiten separar lo que pasa por el cuerpo de las sensaciones y sentimientos que esto genera; esa es la forma de sobrevivir a una situación de violencia cotidiana.

En este escenario es que aparece la idea del “trabajo sexual” como forma de “dignificar” a estas personas, quitarles toda la carga social negativa que tiene el hecho de ser “una puta”. Pero cambiar el nombre de una relación de opresión, explotación y violencia no la hace menos opresiva, menos explotadora ni menos violenta, solo la hace más “digerible” para la sociedad y para el Estado mismo.

 

La dignidad está en la lucha por la emancipación

Justo ahí, en el debate social sobre la prostitución aparece también la postura que plantea el ejercicio libre de la prostitución como una forma de liberación sexual; disfrutar plenamente de la propia sexualidad, y de paso ganar unos pesos. Las que sostenemos una postura abolicionista somos tildadas de “moralistas”, “opresoras” de la sexualidad de las mujeres.

Las Rojas somos abolicionistas porque tenemos la convicción absoluta de que la explotación sexual es justamente lo opuesto a la liberación sexual. Junto con el pacto nupcial para la maternidad, la explotación sexual es la máxima expresión de la negación de la sexualidad de las mujeres. ¿Por qué se consume explotación sexual? Porque a través de la compra de los cuerpos de las mujeres se puede esperar, pedir, exigir lo que sea que en ese momento el prostituyente quiera. Porque así se evita el trabajo que implica relacionarse con otro ser humano, el intercambio, el dar placer para recibirlo. Porque los prostituyentes bien saben de la situación de vulnerabilidad y necesidad de las mujeres que están en esa situación, y la aprovechan con su dinero.

Decir esto no es victimizar a nadie, es decir las cosas por su nombre. No hay explotación sexual sin violencia: no se puede abstraer un pedacito de la realidad de la totalidad, no se puede abstraer la explotación sexual del sistema capitalista patriarcal que la genera.

No se puede enfrentar la doble moral de la sociedad con la noción del “orgullo de la puta”, que no es más que la contracara del infeliz “orgullo de vivir para ser madre”, glorificando otra cara más de la barbarie del capitalismo patriarcal. El orgullo de las mujeres explotadas sólo se concibe en la pelea por la emancipación contra todas las formas de violencia a las que nos someten a diario.

Las Rojas peleamos por la liberación sexual de mujeres, varones, trans, para vivir una sexualidad libre y plena que rompa con los estrictos marcos de la monogamia heterosexual que está al servicio de la reproducción. Una sexualidad que no esté atada a ninguna coerción, donde cada quien elija con quiénes, cuándo y dónde.

 

Levantemos un programa contra la trata y la explotación sexual

En el capitalismo, mujeres y varones somos explotados. Pero las condiciones de explotación son diferentes para cada género. Sólo en épocas excepcionales las mujeres accedemos a un trabajo digno en iguales condiciones que los varones, y sólo una minoría de mujeres. Esto es propagandizado por los Estados y políticos del sistema como demostración de que la democracia logra la igualdad entre los géneros. Pero la verdad es bien distinta: la existencia de mujeres empresarias, presidentas y altas funcionarias de altos organismos se combina con la desocupación de las mujeres de clase trabajadora, incluso cuando haya un aumento del empleo en general. La mayoría de las mujeres quedamos condenadas a los empleos de servicios, superexplotados, informales y de baja calificación. O a los planes sociales de miseria, como la AUH, que irónicamente es presentada por el gobierno como el otorgamiento de un derecho cuando en realidad lo impone para evitar que las mujeres presionen sobre un mercado de trabajo que no puede ni quiere dejarlas entrar.

Luchamos por la integración de las mujeres a la producción en igualdad con los varones. Lo único que impide esta integración es el interés de los capitalistas, que no quieren pagar guarderías y licencias por maternidad ni acondicionar las fábricas, empresas y maquinaria para incluir a las mujeres, y aprovechan su trabajo doméstico gratuito para bajar el salario de los trabajadores. El Estado debe crear empresas modernas donde se incluya en igualdad a las mujeres y expropiar las de los capitalistas que se nieguen a incluirlas.

 

Integración de las mujeres y personas trans en el mercado de trabajo.

Integración del trabajo doméstico a la producción social con guarderías, lavaderos y comedores públicos de calidad en los barrios populares.

Reemplazo la mísera AUH por subsidios para todas, tengan o no hijos, que permitan la capacitación de las mujeres con miras a la independencia económica.

Reemplazo del Plan Procrear por el Plan Emancipar: prioridad a las mujeres en los planes de vivienda, y vivienda inmediata para las víctimas de explotación sexual y violencia familiar.

Educación sexual pública, laica, científica y feminista que se oriente a desterrar la noción de sumisión y menosprecio hacia las mujeres y trans.

Aborto legal, seguro y gratuito en el hospital público. Programas reales de anticoncepción.

Separación de la iglesia del Estado. Fin de los subsidios a la educación religiosa y derogación de la ley de la dictadura que establece salarios y jubilaciones del Estado para los curas.

Desmantelamiento de las redes de trata y explotación sexual. Prisión efectiva a los proxenetas y a todo el que lucre con la explotación sexual. Destitución de los funcionarios cómplices por acción u omisión.

Programas de asistencia a mujeres, trans, niñas y niños víctimas de las redes de trata y explotación sexual, que garantice el real acceso al sistema público de salud y educación.

Programas de capacitación y acceso al mercado laboral para las mujeres y trans víctimas de trata y explotación sexual.

Cárcel a golpeadores, abusadores y femicidas.

Unidad del movimiento de mujeres con el movimiento obrero y popular para destruir el capitalismo patriarcal y construir una sociedad sin explotación ni opresión.